“Así como sube el globo suben nuestras intenciones”, explica el sacerdote Miguel López D’Ambola sobre la idea que lo llevó a elevarse unos 30 metros por sobre el suelo en un globo aerostático para bendecir a los fieles maipucinos.
“Así como sube el globo suben nuestras intenciones”, explica el sacerdote Miguel López D’Ambola sobre la idea que lo llevó a elevarse unos 30 metros por sobre el suelo en un globo aerostático para bendecir a los fieles maipucinos.
La actividad marcó el cierre de un mes de celebraciones por el 75° aniversario de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, pero también el estilo novedoso en su tarea pastoral.
El padre resalta que en realidad se trata de un modo particular de hacer lo mismo que todos los sacerdotes, cada uno a su manera y con su carisma: entregar el corazón a la Iglesia y hacer lo que consideran que Dios les pide.
Sin embargo, cuando expresa que disfruta mucho su vida sacerdotal casi parece una redundancia con respecto al entusiasmo que manifiesta al vincularse con cada una de las personas que van y vienen, lo saludan, le preguntan por un bautismo o lo esperan para confesarse.
Con una sonrisa rememora que el domingo pasado, luego de la misa de las 18, comenzó un rosario luminoso que partió desde la parroquia -ubicada en la esquina de Padre Vázquez y Presidente Juan Domingo Perón de la ciudad de Maipú- para llegar a calle Maza. López D’Ambola se había adelantado y los esperaba ya en el globo de la Asociación Argentina de Globonáutica.
Desde la canastilla observó que un grupo de lucecitas, que se habían visto ordenadas a la distancia, se desbandaba y supo que los más pequeños se habían entusiasmado y corrían para ver el aerostático de cerca.
“El maipucino se autodefine como difícil, complicado... pero es gente muy buena, entusiasta, que acepta de buen grado las propuestas”, resaltó el sacerdote para explicar el modo en que los fieles han recibido estas innovaciones.
De hecho, resaltó que durante el mes de festejos patronales se celebró misa todos los días y en cada ocasión el templo estuvo lleno. También planteó que puede idear y realizar tantas cosas gracias a la labor que desempeñaron quienes lo precedieron.
Miguel López D’Ambola llegó a la parroquia de Maipú, de la que dependen siete capillas, hace dos años y medio. Antes estuvo en Santa Bernardita (del barrio Unimev de Guaymallén) y en Nuestra Señora del Carmen (San Martín). En una de ellas comenzó a celebrar una “misa de los niños”, con títeres. Y como en Nuestra Señora de la Candelaria asisten a catequesis unos mil chicos, decidió replicar la iniciativa.
Todos los domingos a las 11.30 participan de la ceremonia un títere de un pastor -que se llama Burgoa, en honor a un sacerdote muy querido y recordado en el departamento- y la oveja Candelina, en alusión al nombre de la parroquia. Los muñecos, que interactúan con los pequeños, son manejados por papás o catequistas, por lo que el sacerdote explica que van teniendo voces y personalidades diferentes.

Jardines y peces de colores
En el marco de las celebraciones por cumplirse los 75 años de que se colocara la piedra fundacional del templo, también se inauguró una capilla menor de adoración permanente, adonde las personas pueden ir a rezar en cualquier momento del día, entre las 7 de la mañana y la medianoche. La edificación fue levantada con la colaboración de la comunidad en lo que era parte del jardín de la casa parroquial.
Además de esta capilla, contigua al templo mayor, hay dos nuevos jardines abiertos a la comunidad: uno dedicado a la Virgen María y otro a San José. Ambos tienen las imágenes religiosas, un área verde y bancos para sentarse.
En el segundo, se encuentran también el cinerario y el columbario, donde se guardan las cenizas en una fosa común (en envoltorios individuales) o en pequeñas urnas, respectivamente. Nuestra Señora de la Candelaria es la tercera parroquia en el país que cuenta con un espacio con nichos para cenizas.
El padre López D’Ambola comenta que la Iglesia considera que la cremación es un modo de acelerar la descomposición del cuerpo. Lo que no acepta es que se esparzan las cenizas. De ahí que él decidió crear dos espacios para poder preservarlas y que los familiares puedan visitar a sus seres queridos, de modo similar a cuando el camposanto estaba en el terreno de las parroquias.
De hecho, dos hermanas gemelas que van a primer año de catequesis le preguntaron si podían traer un pez para el espejo de agua que separa el jardín de San José del cinerario y columbario (a los que se llega cruzando un pequeño puente).
Las niñas le pusieron al animalito el nombre de su abuelo, cuyas cenizas están ahí, y pasan a saludar a ambos periódicamente. A partir de esto, otras personas decidieron imitar la acción y ya son varios los peces de color rojo que se encuentran allí.
“Concibo a la parroquia como una familia de la que quiero que todos se sientan parte”, resume el sacerdote. Para él, lo fundamental es estar presente, que la gente lo vea y que sientan que se pueden acercar a hablar. Y si para llegar con un mensaje a los niños resulta más sencillo hacerlo con títeres o para cerrar un mes de festejos con una acción llamativa se puede subir a un globo, no duda en hacerlo.