La Selección Argentina de Voley se coronó campeón de la Copa Sudamericana tras ganarle el clásico a Brasil 3-2 (21-25, 25-21, 20-25, 25-20 y 15-10) y obtuvo también la plaza para el Panamericano del año que viene.
Con una victoria épica por 3-2, el equipo nacional de vóley piensa ahora en el torneo Preolímpico, que será en Río.
La Selección Argentina de Voley se coronó campeón de la Copa Sudamericana tras ganarle el clásico a Brasil 3-2 (21-25, 25-21, 20-25, 25-20 y 15-10) y obtuvo también la plaza para el Panamericano del año que viene.
El torneo continental entregaba cuatro plazas para el Preolímpico que se disputará en septiembre en Río de Janeiro, donde estará en juego el primer boleto para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Sin embargo, tanto Argentina como Brasil ya tenían asegurada su presencia por ranking, por lo que ambos aprovecharon el certamen para poner a prueba a sus jugadores más jóvenes y a aquellos que habitualmente cuentan con menos minutos. Así, los cupos terminaron en manos de Chile, Colombia, Venezuela y Bolivia.
Más allá de la derrota en la final, el gran ganador para la selección argentina fue el recambio. El opuesto Iñaki Ramos brilló con 23 puntos, fue elegido el MVP del encuentro y dejó en claro que está listo para pelear un lugar entre los mayores. Ahora, varios de estos juveniles se sumarán al plantel principal que en septiembre volverá a cruzarse con Brasil en Río de Janeiro para ir por el sueño olímpico.
El equipo alternativo dirigido por Martín Arredondo salió a la cancha con Federico Arquez (2) como armador; Santiago Arroyo, líbero; Ignacio Luengas (14) y Lucas Conde (13), como receptores; Gustavo Maciel (13) y Agustín Ojuez (5), de centrales; e Iñaki Ramos (23), como opuesto. Luego ingresaron Federico Debonis (4), Samuel Guidi, Lucas Astegiano, Pablo Denis (3), Leandro Klaczynski e Imanol Salazar (4). Del otro lado, Maicon, con 24 tantos, fue el máximo anotador de una final vibrante.
El arranque mostró a una Argentina decidida a jugarle de igual a igual al gigante sudamericano. Durante buena parte del primer set manejó el trámite e incluso llegó a sacar cuatro puntos de ventaja. Pero cuando el parcial entró en su zona caliente apareció toda la potencia brasileña. La altura de sus atacantes inclinó la balanza, mientras que los errores argentinos con el saque le facilitaron la construcción ofensiva al rival. Brasil aprovechó cada oportunidad y cerró el parcial por 25-21.
Lejos de sentir el golpe, la Selección reaccionó de inmediato. Dos aces consecutivos marcaron el camino de un segundo set casi perfecto. El saque táctico empezó a incomodar la recepción brasileña y los ataques por la segunda línea evitaron el bloqueo rival. Argentina encontró fluidez, jugó con confianza y, tras escaparse 17-13, administró la ventaja hasta igualar el partido con otro 25-21, luego de un ataque desviado de Paulo.
El tercer capítulo volvió a cambiar la historia. Brasil recuperó el control desde el servicio y su armador distribuyó el juego con absoluta comodidad. Argentina perdió agresividad y, cuando el marcador entró en los puntos decisivos, tres errores consecutivos con el saque terminaron por condenarla. El conjunto brasileño no perdonó, ganó 25-20 y quedó a un set de quedarse con la victoria.
Pero este equipo argentino nunca bajó los brazos. En el cuarto parcial sacó a relucir toda su personalidad. El bloqueo de Gustavo Maciel empezó a cerrar los caminos rivales y el ingreso de Federico Debonis le dio aire fresco al ataque por las bandas. Con una ventaja que osciló entre cinco y seis puntos durante casi todo el set, la Albiceleste dominó de principio a fin, selló otro 25-20 y empujó la definición hacia un tie break cargado de tensión.
En el desempate apareció la mejor versión del conjunto nacional. Argentina golpeó de entrada, se escapó 7-3 gracias a su eficacia por el centro y a un bloqueo que empezó a transformarse en una muralla. Brasil reaccionó y descontó hasta quedar 9-8, pero en el momento de mayor presión emergió la figura de Iñaki Ramos, que clavó un ataque demoledor. En la jugada siguiente, un bloqueo de Debonis volvió a estirar la diferencia y cambió definitivamente el ánimo del partido.
Los últimos puntos fueron una muestra de carácter. Argentina defendió cada pelota como si fuera la última, cerró todos los caminos sobre la red y terminó desatando el festejo. El bloqueo final bajó el telón de una definición apasionante y confirmó que, más allá del resultado, el recambio albiceleste también está preparado para competir en la máxima exigencia.