26 de agosto de 2026 - 12:30

El premio Eduardo Gregorio fue para María Alejandra Gil y un duro cuento sobre abusos intrafamiliares

El premio literario que organiza la Municipalidad de Junín estuvo dedicado al género cuento y otorgó el primer premio a esta escritora sanrafaelina. El segundo premio fue para Juan Manuel Montes y el tercer premio fue para Pablo Gullo. Además, se otorgaron siete menciones.

El premio literario Eduardo Gregorio, organizado por la Municipalidad de Junín y considerado uno de los más importantes de nuestra provincia, ya tiene sus ganadores. La edición XV del certamen, cuyo nombre rinde homenaje a un destacado escritor y periodista del departamento del Este, estuvo en el presente año dedicada al género cuento y eligió a tres ganadores en orden de mérito y a otorgó siete menciones, en este caso sin relación meritoria.

El jurado estuvo integrado en esta ocasión por los escritores Adrián Narváez, Fernanda Rodríguez Briz y Fernando G. Toledo.

El primer premio recibirá una retribución monetaria de $ 500.000; el segundo, de $ 400.000 y el tercero, de $ 300.000. Además, estos textos, junto con el de las menciones, serán reunidos en un libro impreso que editará el municipio.

Certamen Eduardo Gregorio: los tres primeros premios

La ganadora del certamen en este 2026 fue María Alejandra Gil, con su cuento Yanay, una historia que combina un hecho entre policial y dramático y que, según el acta del jurado, se valoró “principalmente la originalidad del relato, el ritmo que mantiene a lo largo del mismo, el clima narrativo de altísima eficacia, el excelente manejo de diálogos y el lenguaje (propio del ámbito del campo, en el cual se desarrolla la historia), así como el intrigante final que sugiere”.

María Alejandra Gil, autora mendocina nacida en San Rafael, en la presentación de su novela Donde todo es azul.

María Alejandra Gil, autora mendocina nacida en San Rafael, en la presentación de su novela Donde todo es azul.

El segundo premio correspondió al cuento El hornero, del narrador y novelista (además de cultor del microrrelato) Juan Manuel Montes. Según el jurado, en este trabajo “se destaca la construcción del ambiente, los personajes y la fluidez que se sostiene a lo largo de la historia, cargada, además, de emotividad”.

Escritores mendocinos, en una visita a Roma.

Escritores mendocinos, en una visita a Roma.

El tercer puesto, en tanto, fue para un juninense: el autor Pablo Gullo, quien presentó su relato Volver a llamarme Amelia, que para el jurado “combina memoria, culpa, historia reciente y un giro final de gran potencia emocional, sin perder nunca la verosimilitud de sus personajes”.

Las siete menciones

En cuanto a las siete menciones (como se dijo, sin orden de mérito en este caso), correspondieron a La santa florida, de Verónica Oyanart (un emotivo cuento que es a la vez el entrañable retrato de una abuela con dotes de curandera); Efímera, de Lara M. Cast (cuento de ciencia ficción sobre una niña enferma, encerrada en un mariposario por su padre); El pampeano, de Jorge Arroyo (inspirado en el célebre Bairoletto); Zapatos de cuero, de Carolina A. Ferlaza Verdejo (una chica de bajos recursos que cuenta costumbres y penares de su existencia y de su paso por un fundo de ricos); Las mudas, de Natalia Greta Martínez (sobre la resistencia de unos ancianos a adaptarse a progresos tecnológicos por entender que eso les hace perder su esencia y su contacto con el terruño); Wálter, de Juan Pablo Barrera (un relato muy bien construido y con grandes dosis de humor) y Desobediente, de Luciana Acevedo (una historia que remite a hechos reales acaecidos en Mendoza, llevados muy bien a la ficción).

La palabra de la ganadora

María Alejandra Gil es una autora nacida en 1970 en San Rafael. Según cuenta, “desde muy joven cultivó una profunda pasión por la lectura, la escritura y las artes visuales”. En cuanto a su formación, en la década de 1990 estudió Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Cuyo y, en paralelo, asistió a talleres literarios coordinados por destacados escritores argentinos.

A partir de 2009 y hasta 2020 publicó sus textos en un blog personal (Creciendo con Salvi), en el que ofrecía “una mirada familiar sobre la convivencia con un niño con discapacidad”. Según cuenta en los datos biográficos que compartió con Los Andes, en 2023 Esperanza 11, su novela de género histórico-romántico sobre los pioneros del sur mendocino, fue distinguida con la declaración de interés de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Mendoza.

María Alejandra Gil, autora mendocina nacida en San Rafael, con un ejemplar de su novela Donde todo es azul.

María Alejandra Gil, autora mendocina nacida en San Rafael, con un ejemplar de su novela Donde todo es azul.

En 2026 publicó Donde todo es azul, su segunda novela. En ella, traslada a la ficción su experiencia de haber dado a luz a un hijo prematuro y el quiebre personal que supone el ver sepultados los sueños familiares.

Algunos de sus cuentos o textos breves han resultado seleccionados para antologías, como Primera Maratón Epistolar, de Ediciones de las Tres Lagunas, 2024 y Lo que nos sostiene, del Sello Corazón de Tinta (Colombia), 2026. Actualmente desarrolla proyectos que exploran los cruces entre lo narrativo y lo poético, lo visual y la palabra escrita.

Su inspiración para el cuento premiado

Con respecto a Yanay, cuento que ganó en el Certamen Eduardo Gregorio 2026, María Alejandra Gil explicó a Los Andes que “no está basado en una historia puntual, aun cuando habla de hechos que lamentablemente son reales. De hecho, no hace mucho se hizo pública una historia parecida en el Este mendocino, aunque yo ya había escrito este cuento”.

En cuanto a la dura temática del cuento (los abusos intrafamiliares), la autora dijo que “es una problemática que me llama la atención: esas personas que para el exterior se presentan normales y por dentro esconden lo más bajo de la condición humana. En el caso de mi cuento, además, matizado por el aislamiento y la falta de educación”.

En cuanto a uno de los personajes centrales del cuento, una periodista, Alejandra explicó que su elección tuvo que ver con ofrecer la mirada de alguien que accede a una realidad desconocida. “Me pareció que acceder a la historia desde la mirada de una periodista de la ciudad, le añadía al relato un punto de extrañeza o incomprensión de lo que culturalmente la familia de Yanay tenía casi normalizado”, cerró.

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