Daniela Senés puso en el centro de las páginas a esas figuras que son notas al pie en los libros de historia: los amantes de los poderosos que influyeron en decisiones políticas, guerras y conquistas, y contribuyeron, en el silencio de los márgenes, al ascenso de grandes gobernantes. La escritora tomó historias reales “que no se cuentan o se cuentan poco o se cuentan mal” para darles vida a los siete relatos de su nuevo libro, "Amantes del poder".
Daniela desafía al lector a hurgar en los más visceral de los vínculos para analizar si son historias de amor o de necesidad, a descifrar quién ejercía realmente el poder dentro de cada relación, independientemente de los cargos, y cómo algunas mujeres, ocultas en cartas de amantes desesperados por el calor compartido, ayudaron a construir líderes o tiranos.
"Amantes del poder" de Daniela Senés.
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“Quería explorar esas notas al pie que a veces uno encuentra en la historia. La relación entre quien tiene el poder de transformar y cambiar la vida de otro y quien tal vez no logra distinguir si ama a esa figura poderosa o lo que esa persona puede hacer por él o ella”, analiza la escritora en una charla con Los Andes.
Los romances clandestinos: amantes de la historia
"Amantes del poder" nació después de "Amores imperiales", el libro que la escritora publicó junto con Diana Arias, y tomó como punto de partida a Isabel I y su decisión de mantenerse casada exclusivamente con Inglaterra, pese a los pedidos de su gran amor de carne y hueso, el noble venido a menos que se mantuvo a su lado hasta el último de sus alientos, Robert Dudley.
Otras historias surgieron durante los viajes temáticos e históricos que la autora realiza por el mundo. Sin embargo, una de las tramas que más la cautivó fue sugerida por sus lectores: la del conquistador español Hernán Cortés y Malinalli, la mujer nahua que se convirtió en su intérprete ante los pueblos originarios de México.
“Creo que es la que más me tocó y me pude meter en sus huesos”, confiesa. Y agrega: “Me gustó explorar e imaginarla desde el lugar de una sobreviviente, porque fue vendida por su madre cuando era niña y entregada a los conquistadores. Ella entiende que necesita tener un valor agregado; entonces se convierte en la lengua entre dos mundos. La pregunta es si ahí hubo amor o necesidad: él requería de su lengua y ella ser imprescindible para preservarse en una época donde las mujeres para los españoles del siglo XVI no eran nada”.
A Daniela le tomó aproximadamente un año investigar las historias y reunirlas en el libro. La selección no respondió únicamente a los períodos históricos, sino también a las diferencias entre los vínculos: algunos se mantuvieron en la clandestinidad durante décadas, mientras que otros fueron fugaces y terminaron en separaciones o exilios.
Sin embargo, el romance entre Eleanor Roosevelt y Lorena Hickok atravesó barreras particulares: una relación entre dos mujeres que comenzó en la década de 1930, en una época de fuertes restricciones sociales, y con una de ellas como esposa del presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt.
Eleanor Roosevelt y Lorena Hickok
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“Estuvieron juntas desde que se conocieron hasta la muerte de Eleanor, aunque la naturaleza de su relación cambia muchísimo. Pasa de la pasión, de esa necesidad de estar juntas y desafiar el protocolo, el poder y la sociedad, a decantar en una amistad donde el vínculo se sostenía más por las cartas que se escribían que por los encuentros que podían permitirse”, contextualiza.
Buena parte de estas historias fue reconstruida a partir de las cartas que intercambiaron sus protagonistas y que alguno de ellos conservó. Esa correspondencia permitió recuperar romances prohibidos y clandestinos, aunque parte de los escritos desaparecieron con el paso de las generaciones. Entre una escrito y otra, la autora recurrió a la imaginación para completar los vacíos sin apartarse de los hechos históricos.
Como ocurrió en el amorío entre Margherita Sarfatti y Benito Mussolini, donde Daniela vio en la amante judía del dictador fascista, que tuvo a Adolf Hitler como principal aliado, a una suerte de Mary Shelley frente a su propia creación: Frankenstein.
Margherita Sarfatti y Benito Mussolini
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“Cuando se conocieron eran los dos socialistas. Margherita entiende que puede darle a Mussolini lo que le falta: refinamiento, agenda, contactos, dinero para crecer. Ayudarlo a pulirse. Le sugiere lecturas, le revisa los discursos, pero él aprende demasiado rápido, tal vez, y como Frankenstein se le fue de las manos. Su creación cobró una vida que después ella no pudo controlar”, interpreta.
Las disputas territoriales, las aspiraciones de independencia y el uso de las relaciones amorosas como herramientas diplomáticas atraviesan el libro con la misma fuerza que los flechazos de amor en los bailes de la alta alcurnia napoleónica.
Maria Walewska y Napoleón Bonaparte.
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Ese es el caso de Virginia Oldoini, quien llegó a la corte de Napoleón III con la misión de conseguir el apoyo del emperador francés para la unificación italiana. Una historia que encuentra puntos en común con la de María Walewska, la aristócrata polaca que mantuvo una relación con Napoleón Bonaparte, quien la llamaba su “esposa polaca”, y buscó influir en él para favorecer la independencia de su país.
“En general, las mujeres se acostaban con el emperador por su investidura. Había una mezcla entre el honor de haber sido elegidas y la posibilidad de obtener algo a cambio: una joya, un puesto como dama de compañía. Lo empuja a poner sus tropas al servicio de la unificación italiana y le dice que puede estar a la altura de su tío Naopleón Bonaparte”, explica.
Daniela Senés y su libro sobre las grandes amantes de la historia: "El poder existe en toda relación humana"
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Aunque las siete historias están protagonizadas por figuras que ocuparon las esferas más altas del poder político, Senés considera que las disputas que atravesaron sus relaciones no son tan diferentes de las que pueden darse en cualquier vínculo humano, incluso en la actualidad.
“El poder es un elemento que existe en toda relación humana. No solo en las de pareja, sino también en las laborales, entre socios e incluso dentro de un grupo de amigos”, reflexiona. Y teoriza: “Lo buscamos, le tememos, lo formamos, nos alejamos de él según la relación y el momento. A veces lo queremos y, cuando lo tenemos, nos da miedo porque nos transforma”.