El fútbol nació sin director técnico. Sus reglas primigenías no hablaban de un hombre que estaría sentado al costado del campo dando indicaciones y decidiendo quienes podían salir y/o entrar en algún momento del partido.
El fútbol nació sin director técnico. Sus reglas primigenías no hablaban de un hombre que estaría sentado al costado del campo dando indicaciones y decidiendo quienes podían salir y/o entrar en algún momento del partido.
De hecho, si nos remontamos a los inicios los cambios no estaban autorizados y estos llegaron con la híper profesionalización del juego o la conversión de este en un producto.
El gran maestro del periodismo, Dante Panzeri, asegura en varias de sus notas que los técnicos fueron "inventados" por los dirigentes y que su función principal es darle a los hinchas un culpable visible de lo que pase en el campo de juego.
Es verdad que hoy los técnicos suelen tener un protagonismo excesivo.
Muchas veces se habla más de ellos que de los propios jugadores que son, en definitiva, quienes deciden en el campo de juego y los que pueden cambiar una historia. Los técnicos no meten goles y tampoco los defienden. No, al menos en lapráctica, aunque es verdad que sus decisiones pueden llegar a influir.
“Un director técnico, “sabiendo”, puede colaborar a lo sumo en un diez por ciento para conseguir el triunfo. Pero el técnico puede perjudicar al equipo en un cuarenta por ciento”, aseguró en algún momento Alfredo Di Stéfano.
Y son los mismos técnicos los que abordan la teoría cuando suelen hacer el análisis post partido. “Cometimos errores a la hora de defender”, “El equipo se descontroló cuando recibimos el primer gol”. Siempre que habla en plural se refiere a los jugadores.
Nunca había escuchado a un técnico decir, equivoqué el planteo, los cambios que hice no eran los adecuados, erré en el armado del banco de suplentes. El técnico parece que debe ser infalible.
Y a la luz de los acontecimientos es obvio que eso pase. Porque cuando muestra una debilidad, le pasa lo que le ocurrió a Sampaoli tras la derrota frente a Croacia. Se le arma una revolución interna y el comando cambia de mano o pasa a ser compartido, como está ocurriendo hoy en el equipo nacional.
Una tendencia que ni la AFA se preocupa en ocultar. La pregunta entonces es ¿Si un plantel puede armar mejor el dibujo táctico que el propio entrenador para que se debería tener una persona que cobra millones?
Lo cierto es que sin jugadores que puedan revolucionar las cosas, no importa si se pone un falso 9, tres defensores, o esas nuevas tendencias de cuatro para defender y seis para atacar, o el 2-3-3-2 pretencioso que, por ejemplo, Sampaoli prometió cuando llegó al equipo hace más de un año.
Muchos aseguran que hay tres tipos de técnicos y que ahí hay que hacer hincapié: están los formadores que conocen el trabajo con docencia, un técnico de equipo que puede planificar un trabajo integral a mediano plazo con jugadores ya formados,y un técnico Seleccionador con ojo clínico para ¨”armar” un equipo en breve tiempo.
Situación con la que coincido y en la que volviendo al inicio, sólo hace responsable a los dirigentes que son los que deciden el rumbo. Y son quienes trajeron a Sampaoli con un contrato millonario y a largo plazo.
Si el papel del técnico es tan decisivo uno debería imaginar que Argentina no podría ser campeón del mundo después de la revolución o que España debería haber sido eliminado rápidamente tras el despido de Lopetegui a dos días del inicio del Mundial.
O por qué se habla de la selección de Messi y no la de Maradona, Sabella o Sampaoli. Nunca escuché a un equipo decir, “respeto al rival porque tienen a fulano de técnico”.
La revolución rusa me da la sensación que pone un nuevo escenario en lo que al tema se refiere, al menos en nuestro país. El tiempo dirá.