9 de marzo de 2013 - 14:49

Con críticas de la oposición, Maduro juró y es presidente

Presidentes y dignatarios de 54 países -entre ellos el príncipe Felipe de España y el controvertido iraní Mahmud Ahmadinejad- honraron al líder. Luego, el designado sucesor asumió como presidente interino. Fuerte crítica del líder opositor Henrique Capril

Los solemnes funerales de Estado de Hugo Chávez realizados ayer en Caracas en presencia de delegaciones de 54 países, fueron seguidos de una dura impugnación de la oposición a la toma de juramento a Nicolás Maduro como presidente encargado, realizada anoche en la Asamblea Nacional.

Maduro, que será el candidato del chavismo para las elecciones que deben convocarse en un plazo de 30 días, pronunció a la tarde un emotivo discurso en el que prometió lealtad a Chávez “más allá de la muerte” y reivindicó su legado, ante la mayoría de los líderes de América Latina y el Caribe.

Ahmadinejad lloró

La polémica política estalló poco después de la ceremonia, a la que asistieron el líder cubano, Raúl Castro y los controvertidos presidentes de Irán y Bielorrusia, Mahmud Ahmadinejad y, Alexander Lukashenko, que estuvieron sentados durante los funerales al lado de Maduro y de su compañera sentimental, la procuradora Cilia Flores.

Frente al féretro cerrado y cubierto por la bandera venezolana estaba la madre de Chávez, Elena Frías, con el rostro desencajado por el dolor, y el resto de la familia del fallecido mandatario, como sus tres hijas, que ocultaban sus lágrimas tras gafas oscuras.

Todos los jefes de Estado y de gobierno, empezando por los latinoamericanos, formaron por grupos solemnes guardias de honor alrededor del ataúd, coronado por un retrato de Chávez acariciando un Cristo en la cruz.

Junto a su hijo menor, Lukashenko posó sus manos sobre el féretro mientras el iraní lo besó. Ambos lloraron.

Al inicio de la ceremonia, tras hacer sonar el himno nacional bajo la batuta del célebre maestro venezolano Gustavo Dudamel, director de la filarmónica de Los Ángeles, EEUU, Maduro se acercó a los pies del ataúd y asió una réplica dorada de la espada de Simón Bolívar, para desenfundarla y colocarla sobre el féretro de Chávez.

La solemnidad que colmó el salón de honor de la Academia contrastó con el bullicio en las afueras y calles aledañas: la gente lanzaba consignas, canciones revolucionarias sonaban en altoparlantes y los vendedores ambulantes ofrecían refrescos, comida, café y hasta manzanas acarameladas.

“Llévese un recuerdo del Comandante”, pregonaba un hombre en una esquina cerca del imponente monumento a los próceres, entre el hormiguero humano.

América Latina, a la izquierda

El mandatario fallecido, que empujó a América Latina hacia la izquierda, se consideró protagonista de una segunda independencia de Venezuela, liberadora del “imperialismo” y la “burguesía”.

“Alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”, lanzaron los asistentes, un histórico lema que ya los chavistas cambiaron por “Alerta, alerta, que camina el corazón de Chávez por América Latina”. La espada fue luego entregada a su familia.

Durante la ceremonia, se ofició una misa y fue interpretado un repertorio de canciones típicas de los Llanos venezolanos, de donde era oriundo el mandatario, que solía cantarlas en sus intervenciones televisadas.

El cuerpo de Chávez no recibirá sepultura, sino que será exhibido durante al menos seis días más, ante la enorme afluencia de venezolanos a la capilla ardiente y será embalsamado para reposar en un museo caraqueño, instalado en el que fuera su cuartel general en el fallido golpe de Estado en 1992.

Todos los presidentes latinoamericanos, salvo el paraguayo Federico Franco excluido de los organismos regionales, llegaron a Caracas para participar en los homenajes a Chávez, fallecido el martes a los 58 años de un cáncer.

Sin embargo, la presidenta argentina Cristina Kirchner, que llegó pocas horas después de que su muerte fuera anunciada, y la brasileña Dilma Rousseff, que estuvo antenoche en la capilla ardiente, partieron horas antes de los funerales.

Estados Unidos, considerado un adversario por Caracas, participó con una delegación de bajo rango. Ambos países retiraron a sus embajadores en una de las muchas controversias que marcaron los catorce años (1999-2013) del gobierno de Chávez.

“Nos encomendamos a Dios porque esperamos que pueda salvar los puentes entre EEUU y Venezuela, que podamos avanzar por nuevos puentes”, expresó en una intervención el reverendo y político estadounidense Jesse Jackson.

España estuvo representada por el heredero de la Corona, el príncipe Felipe de Borbón, objeto de una silbatina cuando a su llegada su nombre fue anunciado a los miles de venezolanos que se apiñan en los alrededores de la Academia militar.

También estuvo presente el actor estadounidense Sean Penn, gran admirador de Chávez. La oposición en cambio no estuvo representada. Según Capriles, la respuesta del gobierno a su solicitud fue “mejor que no vengan”.

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