Hace poco más de una década que el pistacho viene creciendo el interés en la provincia como una opción rentable, y una alternativa para reconvertir cultivos viejos, o ser implantados en zonas actualmente improductivas. La naturaleza de la planta le permite adaptarse a las particularidades del suelo y el clima mendocino, y la creciente demanda internacional la convierte en una apuesta segura a mediano y largo plazo.
