La campaña electoral para la presidencial del 3 de junio, cuya victoria tiene garantizada el saliente Bashar al Assad, finaliza el domingo en Siria, donde la oposición denuncia una "parodia de democracia".
La campaña electoral para la presidencial del 3 de junio, cuya victoria tiene garantizada el saliente Bashar al Assad, finaliza el domingo en Siria, donde la oposición denuncia una "parodia de democracia".
Con el país devastado por tres años de conflicto que sigue dejando decenas de muertos cada día en bombardeos y combates, la elección se celebrará en las regiones controladas por el régimen, lejos de las zonas de enfrentamiento entre el ejército y los rebeldes. Con esta elección, los insurgentes y la oposición, profundamente divididos, al igual que sus aliados árabes y occidentales, asisten incrédulos al mantenimiento en el poder de Asad, después de una serie de avances del régimen en el terreno militar.
La rebelión, que denuncia una "elección de sangre" cuando el conflicto ha dejado más de 162.000 muertos según una ONG, llamó al boicot de los comicios, organizado según una ley que excluye de facto toda candidatura disidente. Solo dos candidatos, lo desconocidos Maher al Hajjar y Hasan al Nuri, sirven de valedores al jefe de Estado. Como era previsible, el partido Baas, que domina la vida política siria desde hace medio siglo, llamó a reelegir a Assad, en el poder desde la muerte de su padre en 2.000.