Recordado por la transformación que impuso al tango con su bandoneón, Pichuco es dueño también de un acervo de anécdotas y opiniones sobre la música, su instrumento y la calle Corrientes.
Recordado por la transformación que impuso al tango con su bandoneón, Pichuco es dueño también de un acervo de anécdotas y opiniones sobre la música, su instrumento y la calle Corrientes.
Las siguientes son algunas de las expresiones que se le recuerdan.
Bandoneón: “En un picnic habían llevado a dos bandoneonistas y, cuando se fueron a comer, agarré un bandoneón y me lo puse en las rodillas. Esa fue mi primera vez. Yo tenía nueve años”.
El tango: "No hay tango viejo ni tango nuevo. El tango es uno solo. La única diferencia está en los que lo hacen bien y los que lo hacen mal".
Buenos Aires: "De Buenos Aires tendría que decir que es mi vida, es Gardel, es la noche, es la mujer, el amigo. Agradezco haber nacido en Buenos Aires".
La calle: “Es el mejor lugar de todos. Se aprende. En el hogar se aprende educación, pero en la calle se aprende a vivir, no me lo digan a mí. Todo lo que aprendí, lo poco y extraño que aprendí, lo aprendí en la calle”.
Ojos cerrados: “No sabría explicar por qué cierro los ojos al empezar a tocar, posiblemente sea porque me meto adentro de mí. Todos los artistas tienen que entregarse cuando hacen algo sentido”.
Amigos: “Son emociones que se van juntando, tengo tantas, Cátulo Castillo, Mercedes Simone, Tania, Roberto Ruffino. A veces pienso qué habría sido de mí sin el cariño de mis amigos. A alguna gente le llama la atención que sea tan afectuosos con mis amigos, que nos abracemos y por ahí hasta nos demos un beso, eso es cariño de hombre a hombre, soy un hombre simple pero muy afectivo”.
“Responso”: “Hay algunos temas que son mis preferidos, mejor dicho los que más quiero: ‘Sur’ y ‘Responso’. ‘Responso’ salió una noche que estábamos en mi casa, había gente jugando al bacará y no sentía que estaba ahí. Eran las 4 de la madrugada y me fui a mi habitación y empecé a tocar unas notas hasta que salió. Es el mejor homenaje que podíamos hacerle a Homero (Manzi)”.
Piazzolla sobre Troilo: “Cuando inauguré con mi conjunto electrónico el local La Ciudad, una noche vino Zita (la inseparable compañera de Troilo, con la que se casó en 1938) y me regaló uno de los bandoneones del Gordo. Fue una de las emociones más lindas de mi vida”.