Es el invitado infaltable a las reuniones de amigos y hasta suele transformarse en un testigo de charlas y momentos compartidos con seres queridos. Entre mate y mate, ideas grandiosas comienzan a gestarse y en ocasiones, las horas pasan de una manera más amena en el trabajo y el hogar si la tradicional infusión no escasea.
Sin embargo, sobre todo en época invernal, cuando se registra la mayor cantidad de casos de gripe y enfermedades respiratorias, los especialistas advierten que este amigo incondicional puede transformarse en un potencial agente de contagio de gérmenes, virus y bacterias.
Es que más allá del lugar privilegiado que el mate guarda no sólo entre los elementos de la cocina sino en la cultura de los argentinos, lo cierto es que, para disminuir al máximo los riesgos de contraer alguna de las enfermedades que se transmiten a través de las partículas de saliva, las mateadas compartidas deberían quedar relegadas de la rutina cotidiana.
"Si una persona que está atravesando por una enfermedad infectocontagiosa y que se transmite por medio de la saliva, toma de la misma bombilla que otra, es probable que ésta última se contagie", advirtió José Morales, doctor en Infectología. En realidad, el experto indicó que no existen estudios en América Latina que estén específicamente centrados en "culpar" al tan arraigado hábito y, por lo tanto, no hay nada que demuestre que en algún momento una epidemia se haya desatado porque las personas compartieron el mate.
Pero hay un hecho: en teoría, los gérmenes (por ejemplo, aquellos que dan origen a las enfermedades respiratorias) se propagan en los seres humanos cuando hay contacto por medio de las secreciones sublinguales. A eso se suman otros microorganismos que pudieran contagiarse por esta misma vía en el caso de que existan lesiones o patologías bucales que generen sangrado, como la gingivitis. La transmisión se produce, sobre todo, si el receptor también presenta lastimaduras, ya que éstas son la puerta de entrada a diferentes agentes.
Tuberculosis, herpes, enfermedades eruptivas (como el sarampión), como así también la gripe, la neumonía, la bronquitis y la mononucleosis infecciosa, figuran entre las patologías que la medicina ha encuadrado en el grupo de las que se diseminan por medio de la saliva. "Incluso cuando una persona le habla a otra a una distancia de un metro, existe un intercambio de microorganismos a través de minúsculas gotitas de saliva", ejemplificó Morales.
Entre mate y mate
El típico momento en el que la bombilla se tapa es cuando se estima que ésta recepta la mayor cantidad de saliva, transformándose en un reservorio de gérmenes y bacterias.
Ocurre que, justamente quien trata de resolver esa circunstancia (sea el cebador o el receptor) es el encargado de dar ese profundo sorbo que intenta destaparla. Es en ese momento cuando se genera la mayor concentración de saliva dentro del metálico utensilio y, por lo tanto, el riesgo de contagio aumenta si la persona atraviesa por un cuadro infecto-contagioso.
Así, la recomendación desde el punto de vista médico es, justamente, evitar tomar de la misma bombilla. "Se pueden proponer mateadas en las que cada uno lleve su propio mate y bombilla", propuso Morales.
Otra recomendación tiene que ver con la limpieza de la bombilla, sobre todo en el extremo más expuesto. Esto puede ser más efectiva sólo si se realiza con agua hirviendo entre mate y mate. No lo es cuando se aplica el método de mojarla con agua que ya está tibia o se le pasa una servilleta o repasador al pico. Los gérmenes, de ese modo -aclaró el infectólogo-, mueren.
Algo más que una infusión
El problema radica en que el acto de compartir el mate tiene para los argentinos (y mendocinos) un significado que va más allá de cualquier advertencia: "Tomar mate sola no tiene sentido. A mí me gusta tener ese momento con mis amigas y no lo cambio por nada. Es diferente a tomar cualquier otra infusión”, asegura Natalia Guzmán (27). La joven dice que en su alacena lo último que puede escasear es la yerba mate y, la mayoría de las veces, la mateada es acompañada con bizcochitos dulces o alguna galleta que también prepara ella misma.
Ese mismo ‘sentimiento’ es compartido por miles en todo el país: después de Uruguay, Argentina es el segundo país consumidor de yerba mate a nivel mundial. Y de hecho, lidera en ránking en materia de producción.
Lucía A. (24) tiene dos trabajos; uno en la mañana y otro en la tarde. En ambos es la “cebadora oficial” y como no puede ser de otro modo, tiene bien cuidados los utensilios e ingredientes para cebar a sus compañeros. Un termo, el mate, la bombilla, un poco de azúcar, agua caliente y el infaltable paquete de yerba -sostiene- deben estar presentes cada jornada. Es que para ella, “el hecho de compartir un mate con un compañero de trabajo te une de una manera más informal y ayuda a descomprimir algunos momentos de tensión”.
Además, Lucía asegura que nunca ha enfermado de nada por tomar mate con muchas personas. “Y si alguna vez me pasara tampoco dejaría de tomarlo”, dice convencida.