Las próximas elecciones presidenciales en Bolivia

El electorado boliviano muestra un giro hacia la centroderecha, agudizado por la crisis económica del país: la inflación está descontrolada en términos bolivianos y es muy difícil conseguir combustible (en caso de hacerlo se pagan precios muy altos). Doria Medina es el candidato que más mide en las encuestas.

El 17 de agosto tendrá lugar la elección presidencial en Bolivia: tras dos décadas en el poder del MAS, el partido fundado por Evo Morales, las fuerzas conservadoras podrían volver al poder. El líder populista, proyectado por el sector cocalero del indigenismo, fue electo presidente tres periodos consecutivos. Pero su mayor transformación fue la reforma constitucional, la que fue más lejos ideológicamente que la de Venezuela.

Ante todo, estableció un estado plurinacional con cerca de treinta naciones, en donde cada una tenía sus propias normas constitucionales, símbolos patrios y elegían su poder judicial mediante el voto de sus ciudadanos. Morales, que tuvo como su principal ministro de Economía al actual presidente, Luis Arce, tuvo una relativa estabilidad económica y logró inversiones en materia de hidrocarburos. Estos logros económicos, en una época en la cual el precio de los commodities favoreció a la región, jugó a su favor.

Las fuerzas de derecha o centroderecha quedaron a la defensiva y desarticuladas. A finales de 2020 Morales se presenta a un cuarto mandato consecutivo, que de ganarlo le habría permitido estar un cuarto de siglo sin interrupción al mando del gobierno. La elección iba a dirimirse en la segunda vuelta entre Evo y un candidato de derecha. Pero denuncias electorales cruzadas acentuaron una crisis que terminó con Morales fuera del Gobierno, tras perder el apoyo de la policía y las Fuerzas Armadas. En medio de una situación anárquica, una nueva elección favoreció a quien fue el candidato de Evo, su ex ministro de Economía, Luis Arce.

El panorama muestra un giro a la derecha con fraccionamiento político. Las encuestas coincidentemente otorgan a Doria Medina -un empresario exitoso que ya fue candidato varias veces- algo más del 21%. Un punto menos otorgan a Jorge “Tuto” Quiroga, el vicepresidente del general Hugo Banzer dos décadas atrás que lo sucedió en el poder tras su muerte, antes de finalizar su mandato. El tercer lugar lo obtendría el ex militar y empresario neoliberal Manfred Reyes -actual alcalde de Cochabamba, donde está haciendo una reconocida gestión-, el que estaría obteniendo el 10%. En el cuarto lugar se ubica una de las tres fracciones del MAS, el partido fundado y liderado hoy parcialmente por Evo Morales. Se trata de Andrónico Rodríguez, con aproximadamente el 8%. Es ministro del actual presidente Luis Arce, dirigente del MAS enfrentado con Morales, a quien la Justicia no le ha permitido presentarse y se encuentra en condición de prófugo.

Pero el 25% restante está integrado por indecisos y votantes dispuestos a hacerlo en blanco. En cuanto a la segunda vuelta, esta tendrá lugar el 20 de octubre de darse el caso. El sistema boliviano exige al menos 50% para ganar en primera vuelta o un mínimo de 40% y una diferencia de diez o más puntos sobre el segundo. Cabe agregar que el 17 de agosto se renovarán totalmente las Cámaras, integradas por treinta y seis senadores y ciento treinta diputados.

El electorado muestra un giro hacia la centroderecha agudizado por la crisis económica del país: la inflación está descontrolada en términos bolivianos y es muy difícil conseguir combustible (en caso de hacerlo se pagan precios muy altos). El temor de las fuerzas de centroderecha es que a último momento voten juntos los sectores del MAS y ello les permita llegar a la segunda vuelta por la división opositora.

En cuanto a los planes de las fuerzas de centroderecha, guardan alguna relación con las de Argentina, pero son diferentes y adecuados a la agenda nacional. Doria Medina tiene fuertes vínculos con la Argentina desde su adolescencia en el colegio secundario, durante la época que tuvo lugar el golpe de estado de 1976. Es un empresario de sesenta y seis años, dueño de la franquicia Burger King en Bolivia y sobrevivió a un secuestro del Movimiento Revolucionario Tupac Amarú (MRTA) en Perú.

A fines de los ochenta tomó el control de la empresa Soboce, que llegó a valer seiscientos millones de dólares cuando la dejó en 2014. Cuenta que tuvo un accidente aéreo del cual salió ileso y que lo llevó a decir “¡Carajo, no me puedo morir!”. Utiliza esta frase en su campaña, niega que ello tenga relación con Milei y la ha transformado en un plan de “Cien días, carajo”. Señala que la falta de dólares y combustible están relacionados y eso se puede resolver en un centenar de días. Argumenta que el problema económico es fundamentalmente fiscal y en esto sí parece coincidir con el presidente argentino.

También critica la creación de un centenar de empresas públicas deficitarias durante las gestiones de Morales y que el Banco Central les otorgó créditos a empresas quebradas. Muestra preocupación por la influencia iraní en el país y por el narcotráfico, señalando que el Primer Comando de la Capital “SC”, una de las dos organizaciones más importantes del crimen organizado en Brasil, está detrás de este problema.

Un cambio de tendencia en Bolivia tendrá significación regional, porque saldrá de dos décadas de un populismo intenso y podrá influir sobre el proceso electoral regional que tendrá inicio en los próximos meses.

* El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

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