6 de noviembre de 2016 - 00:00

Clinton-Trump: batalla final en Estados clave

Cuando el promedio de las encuestas da a Clinton menos de 3 puntos de ventaja, cada candidato realizó campaña en Estados donde el otro es favorito.

Hillary Clinton y Donald Trump reforzaron ayer sus campañas en los estados decisivos para sus aspiraciones de llegar a la Casa Blanca, ya en el conteo regresivo para las elecciones presidenciales del martes.

Trump y Clinton arrancaron el día en Florida, un territorio fundamental para ganar la elección y donde los sondeos muestran a la ex secretaria de Estado con un ventaja inferior al promedio de los márgenes de error.

En la localidad de Pembroke Pines, Clinton tuvo que interrumpir su discurso apenas siete minutos después de empezar, ante la caída de una lluvia torrencial que provocó una dispersión generalizada.

“Quiero ser la presidenta de todos, de aquellos que están de acuerdo conmigo y de los que no lo están, de los que han votado por mí y de los que no han votado por mí”, dijo Clinton bajo la lluvia.

En tanto, Trump organizó en Wilmington un acto público literalmente al pie de su avión, de forma de continuar su campaña inmediatamente después.

En este acto, Trump fue presentado por su esposa, Melania. “Esta es la última oportunidad que tienen. Ahora por favor digamos hola a mi esposo y futuro presidente de Estados Unidos”, dijo a la multitud la ex modelo eslovena.

Por su parte, Trump dijo que “en tres días vamos a ganar en el gran Estado de Florida e iremos a la Casa Blanca”.

Ventaja mínima

La frenética agenda del candidato republicano prevé actos en cuatro diferentes Estados entre hoy y mañana.

Después de más de un año de discursos, escándalos, marchas y contramarchas, la campaña llega con Clinton aparentemente con una leve ventaja en la delantera y con Trump empeñado en mantener la tendencia de reducir las diferencias.

De acuerdo con el sitio web especializado RealClearPolitics ayer, Clinton tendría el 46,6% de las intenciones de voto contra 44,9 para Trump.

En su campaña Trump atravesó ásperas polémicas y sobrevivió a varios y espectaculares escándalos, pero despedazó a todos sus adversarios en la interna del partido republicano y muestra algo más de aliento en este sprint final.

No obstante, la ex secretaria de Estado, quien también tuvo que administrar su dosis personal de polémica en la campaña, es apuntada por la mayoría de los sondeos como la favorita de la disputa.

Con 29 delegados al colegio electoral, Florida es una porción importante de la torta política, aunque la necesidad de vencer allí es mayor para Trump.

El polémico millonario candidato tiene aparentemente asegurada la victoria en los Estados tradicionalmente republicanos, pero para mantener viva la esperanza de un triunfo precisa ganar también en regiones donde los demócratas son fuertes o donde la disputa en muy ajustada.

La voz del partido

El fortalecimiento tardío de Trump en la campaña se tornó evidente con el anuncio de que el polémico millonario fue escogido como responsable este fin de semana del mensaje semanal de radio reservado al Partido Republicano, como respuesta al mensaje radial semanal del presidente Barack Obama.

Desde el inicio de la campaña, Trump mantuvo una relación problemática y difícil con los líderes republicanos, a punto tal que varios de ellos adelantaron que no podían comprometerse con votarlo en la elección presidencial.

Por ello, que haya sido elegido para responder a Obama mostró hasta qué punto el partido debió alinearse detrás de su candidatura.

Verdaderos pesos pesados que le habían negado apoyo -como el ex candidato Ted Cruz-, ya reconsideraron su posición y pasaron a pedir votos para Trump.

En su mensaje radial semanal, Obama se concentró en el programa de salud pública aprobado durante su gobierno, conocido en el país simplemente como “Obamacare”. Trump, por su parte, utilizó la oportunidad para pedir el voto de los republicanos.

“Estoy pidiendo su voto y su ayuda para elegir una mayoría republicana en el Congreso, de forma que finalmente podemos cambiar este sistema fracasado y hacer a Estados Unidos grande nuevamente. Y cuando digo ‘grande’, quiero decir ‘grande para todos’”, dijo.

En su mensaje radial, Trump dijo que “esto no es apenas una campaña: es un movimiento. Es una oportunidad única de recuperar el gobierno que está en manos de donantes y de los intereses especiales, y devolvérselo a ustedes, los estadounidenses”.

Del noreste a Florida

Clinton y Trump habían concentrado el viernes sus campañas en el noreste del país, en la región que alguna vez fue el núcleo manufacturero del país y ahora es conocido como el “rustbelt”, el “cinturón de herrumbre”, por la evaporación de los puestos de trabajo.

Históricamente, esa región era un bastión demócrata, pero los sondeos muestran una tendencia de conversión a los republicanos, en especial después que Trump ha prometido recuperar fábricas y puestos de trabajo que se fueron a México o China.

Clinton realizó también ayer un acto público en Cleveland, Ohio, un Estado que Obama ganó en su campaña presidencial de 2012, pero donde los últimos sondeos muestran una ventaja de Trump por un promedio de cinco puntos porcentuales.

Para ganar, hay que llegar al número mágico: 270 electores

Las elecciones se decidirán en una decena de Estados, donde la disputa es particularmente ajustada o donde el voto puede empujar todo proceso en una dirección u otra. En este final de campaña, Clinton y Trump dedican casi todo el tiempo a esos escenarios de batalla, prácticamente ignorando al resto del país.

EEUU posee un sistema de elección indirecta en el que cada Estado tiene asignado un número de representantes al colegio electoral (los llamados “votos electorales”), que dependen del tamaño de su población.

Con las notables excepciones de Maine y Nebraska, el candidato presidencial que gana un Estado se lleva todos los votos electorales, ya que no rige un sistema proporcional. Para llegar a la Casa Blanca, un candidato precisa por lo menos 270 de los 538 votos electorales el día de la elección.

Por ello, el sistema hace que los candidatos se concentren en los Estados en que la disputa es más apretada, en detrimento de aquellos en los que el resultado no debe arrojar sorpresas. Esto explica que California -predominantemente demócrata- ni Oklahoma -predominantemente republicana- reciban tanta atención de parte de los candidatos.

Florida distribuye nada menos que 29 votos electorales, al tiempo que Pensilvania atribuye 20, Ohio 18, Carolina del Norte 15 y Virginia 13. Para llegar al número mágico de 270, hasta el pequeño estado de Iowa, que distribuye seis votos electorales, puede inclinar la balanza.

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