“¿El Nobel? Alguna vez lo pensé, pero nunca fue una motivación o una fuente de ansiedad. Mi placer, la encontré en la investigación”, explicaba a fines de 2012 el belga François Englert, que obtuvo, a sus 80 años, el premio Nobel de Física por ser uno de los descubridores del “Bosón de Higgs”.
Nacido en Bruselas el 6 de noviembre de 1932, François Englert obtuvo primero un diploma de ingeniero civil y luego se orientó hacia la física.
“Me di cuenta que lo que me interesaba era comprender la leyes que rigen los fenómenos, y menos cómo utilizarlas técnicamente”, contó el año pasado a la revista de la Universidad Libre de Bruselas (ULB), donde desarrolló la mayor parte de su carrera y en la cual aún tiene una oficina repleta de papeles.
Tras obtener su doctorado en física, Englert se expatrió en 1959 a la universidad de Cornell, en Estados Unidos, donde conoció al profesor estadounidense Robert Brout, su futuro “cómplice” en uno de los mayores avances de la física del siglo XX. Brout decidió seguir a Englert hacia la ULB a principios de los años 1960. Allí los dos científicos se inspiran de las teorías del japonés Yoichiro Nambu (Nobel de Física 2008) para comprender los fenómenos que intervienen a la escala del átomo.
El rey Alberto II de Bélgica le dio en julio el título de barón. Englert ha recibido asimismo múltiples distinciones internacionales, entre ellas el premio Francqui en 1982, el Premio Wolf de física en 2004, el J.J. Sakurai Prize de la Sociedad estadounidense de Física en 2010 y el premio Príncipe de Asturias en 2013.