7 de noviembre de 2026 - 00:10

Ecología: vegas y glaciares, componentes claves del sistema andino

Trama compleja. Los glaciares y las vegas forman un mismo sistema que regula el agua de la montaña. Un estudio en los Andes Centrales muestra dónde están y cómo cambiaron entre 1986 y 2020.

Profesional Principal Conicet. Docente asociada UNCuyo

Los ambientes de alta montaña de los Altos Andes del centro-oeste de Argentina son fundamentales como proveedores de recursos hídricos, tanto a nivel local como para las comunidades ubicadas aguas abajo. El ciclo hidrológico de esta región integra la nieve, los glaciares, el ambiente periglaciar, los ríos y los humedales altoandinos, conocidos localmente como vegas.

Los glaciares son masas de hielo ubicadas principalmente en las cabeceras de las cuencas y constituyen reservas estratégicas de agua que regulan su disponibilidad, sobre todo al final de la estación seca y durante las sequías. Las vegas, por su parte, son humedales de depresiones y fondos de valle, donde la presencia persistente de agua superficial o subterránea favorece vegetación densa sobre suelos saturados y ricos en materia orgánica. Su productividad contrasta con la aridez del entorno y las convierte en refugios de biodiversidad, reservorios de carbono y espacios importantes para el pastoreo. Además, al igual que los glaciares, regulan el agua mediante su retención y liberación gradual.

Lugar privilegiado. Vega del Azufre, al pie del glaciar homónimo, en las nacientes del río Grande, departamento de Malargüe.

Lugar privilegiado. Vega del Azufre, al pie del glaciar homónimo, en las nacientes del río Grande, departamento de Malargüe.

En la vertiente oriental de los Andes, los glaciares y las vegas forman parte de sistemas hidrológicos estrechamente relacionados, pero su distribución varía a lo largo de la cordillera y cambia con el tiempo. Para comprender estas variaciones, mi tesis doctoral analizó ambos ambientes entre 1986 y 2020 mediante imágenes satelitales Landsat y Sentinel-2, en unos 40.000 km² de los Andes Centrales de Argentina (ver resumen de la tesis).

Donde las vegas y los glaciares se encuentran

Entre los principales resultados del estudio, se identificaron aproximadamente 475 km² de vegas y 1.260 km² de glaciares en 2020. Ambos ambientes presentaron patrones de distribución espacial opuestos: mientras que la superficie glaciar disminuye hacia el sur, la extensión de las vegas aumenta, posiblemente debido a la disminución de la altitud de la cordillera. Este comportamiento se observa especialmente en la región de las cuencas de los ríos Diamante, Atuel, Grande y Malargüe. Además, se identificó una franja de la cordillera al sur de los 34° S donde las vegas y los glaciares se encuentran más próximos que en cualquier otro sector de la región estudiada.

Entre 1986 y 2020, las temperaturas aumentaron y las precipitaciones disminuyeron significativamente. En ese período, la superficie glaciar se redujo alrededor de un 36%, mientras que la extensión total de las vegas se mantuvo relativamente estable. A escala local, sin embargo, hubo sectores donde el verdor de la vegetación aumentó, en contraste con otras áreas de la montaña. Una posible explicación es una mayor disponibilidad de agua por el retroceso glaciar, aunque todavía no se ha podido establecer con certeza qué procesos lo explican.

Cuando el agua se detiene, al menos de momento

Las vegas, debido al tipo de vegetación y suelo, son capaces de absorber el agua proveniente del derretimiento de los glaciares, para luego liberarla lentamente. Esto no significa que un contexto acelerado de retroceso glaciar, estos humedales vayan a reemplazar en el futuro a los glaciares en este rol o compensar su desaparición. Los glaciares continúan siendo reservas irremplazables de agua. En el Parque Andino Juncal, en la cordillera de Chile central, esta idea se puso a prueba y encontramos que la vega Los Nacimientos responde positivamente a la retracción del Glaciar Juncal Norte, aunque las políticas de conservación del sitio pueden favorecer su recuperación (ver estudio).

Del glaciar al bosque

La relación entre los diferentes elementos de una cuenca, como glaciares y vegas, es posible observarla en otros ecosistemas andinos. Así, por ejemplo, en trabajos previos encontramos que las cuencas de los ríos Diamante y Atuel concentran algunas de las mejores condiciones para el desarrollo de los bosques de Chacay. Estos bosques en galería crecen junto a ríos, por eso resulta interesante que la región donde las vegas adquieren una mayor relevancia coincida con el área donde los bosques de Chacay alcanzan su mayor desarrollo. Aunque se ubican en distintos sectores de la montaña, ambos ecosistemas están estrechamente vinculados por la disponibilidad de agua (ver nota).

Flor silvestre. Canchalagua (Gentianella magellanica), especie característica de vegas altoandinas, en Confluencia superior, cerro Aconcagua.

Flor silvestre. Canchalagua (Gentianella magellanica), especie característica de vegas altoandinas, en Confluencia superior, cerro Aconcagua.

El estudio de cordillera de esta manera integral permite entender que la conservación del agua no depende de un único ambiente. Glaciares, vegas, arroyos y bosques cumplen funciones diferentes, pero complementarias.

Restaurar la capacidad natural de retener agua

El conocimiento de estos procesos permite el desarrollo de experiencias de restauración de vegas en la Ciénaga del Tupungato y en el Parque Provincial Aconcagua. El método consiste en construir pequeñas estructuras de piedra que disminuyen la velocidad del escurrimiento y favorecen la retención e infiltración del agua hacia sectores degradados. Los resultados obtenidos muestran que estas intervenciones simples y de bajo costo pueden favorecer la recuperación de la vegetación y la rehidratación del paisaje (ver artículo).

En un contexto de sequías prolongadas, aumento de temperaturas y retroceso glaciar, resulta cada vez más importante comprender las relaciones entre los ambientes de montaña. La montaña no funciona como una suma de ambientes aislados sino como un sistema en el que el agua conecta distintos paisajes y ecosistemas. Conservar y recuperar estos ambientes significa también cuidar el agua de las poblaciones que viven aguas abajo.

(*) Esta nota se hizo en coautoría con el profesional adjunto Leandro Manuel Álvarez del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla–Conicet Mendoza).

(**) Las fotos de este artículo fueron tomadas por Laura Zalazar y Leandro Álvarez.}

Producción y edición: Miguel Títiro - [email protected]

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