8 de junio de 2015 - 00:00

Cerveza, pretzels y música “oompah”

La canciller Angela Merkel dio la bienvenida ayer al presidente estadounidense Barack Obama con un tradicional “desayuno bávaro” a base de pretzels, cerveza espumosa y música “oompah”, evidenciando la buena salud de las relaciones entre ambos países.

Temprano, antes del inicio de la reunión de alto nivel en la que se tratará desde las crisis en Grecia y Ucrania hasta el cambio climático en el lujoso castillo de Elmau, Merkel y Obama visitaron el idílico pueblo alpino de Krün.

Allí fueron recibidos por los habitantes locales vestidos con el traje tradicional bávaro: “lederhosen” (pantalones cortos de cuero) para los hombres y blusas “dirndl” para las mujeres.

Una tormenta nocturna había limpiado el cielo y el día, azul y soleado, iluminaba las casitas dignas de postal, de tejados inclinados, balcones de madera adornados con coloridos geranios.

Obama llegó al pueblo en un coche negro, saludó a Merkel con dos besos en las mejillas y estrechó la mano al marido de la canciller, el discreto Joachim Sauer.

Obama explicó que los líderes del G7 discutirán sobre las amenazas al orden democrático internacional, incluida la necesidad de frenar la

"agresión rusa en Ucrania", y celebró la amistad americano-germana.
Por su parte, Merkel, describió a Estados Unidos como un "amigo y socio" incluso si a veces tenían "desacuerdos", en referencia al escándalo del espionaje de la NSA, que ha tensado las relaciones bilaterales en los últimos dos años.

El tono fue generalmente ligero: “Olvidé mi lederhosen”, bromeó Obama, antes de prometer que compraría uno y de alabar la “mejor actuación de ‘alphorn’”, la trompa de los Alpes de su vida.

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