La Casa Blanca afirmó el martes que revisaría sus prácticas en materia de espionaje de dirigentes extranjeros, pero seguía siendo vaga en sus promesas frente a la cólera de los europeos y a las críticas del Congreso.
La Casa Blanca afirmó el martes que revisaría sus prácticas en materia de espionaje de dirigentes extranjeros, pero seguía siendo vaga en sus promesas frente a la cólera de los europeos y a las críticas del Congreso.
Un alto funcionario de la Presidencia explicó hoy que el gobierno de Barack Obama evalúa declarar ilegales las escuchas de conversaciones de dirigentes aliados, como reveló más temprano el diario The New York Times, pero señaló que esa decisión aún no se había tomado.
El funcionario, que pidió anonimato, calificó en cambio de inexactas las declaraciones la víspera de la dirigente de la comisión de inteligencia del Senado estadounidense, Dianne Feinstein, quien dijo haber recibido del Ejecutivo la garantía de que "la recolección (de datos) de nuestros aliados no continuará".
Por su parte, el Director nacional de inteligencia estadounidense, James Clapper, dijo este martes al Comité de Inteligencia de la Cámara baja que "es valioso para nosotros saber en qué están los países, cuales son sus políticas, como eso nos impactará en una variedad de temas".
"En consecuencia, no son solamente los líderes en sí mismos, es lo que sucede en su entorno y las directivas que transmiten a sus gobiernos" lo que interesa, agregó.
Clapper afirmó que las agencias de inteligencia siempre tratan de conocer las intenciones de los líderes extranjeros, pero no llegó a confirmar las versiones de que Washington espió a la canciller alemana Angela Merkel.