Contiene la anfetamina fenetillina que, a menudo mezclada en cafeína, inhibe el dolor y la sensación de miedo. Su principal productor es Siria. Los terroristas autores de los atentados en París pudieron haber estado bajo el efecto de Captagon, una anfetamina muy difundida en Medio Oriente y hallada en la sangre de otros atacantes suicidas del Estado Islámico.
Así lo escribió la prensa francesa en base al hallazgo de algunas jeringas en las habitaciones usadas como base de los terroristas, en un hotel y un departamento en los suburbios de París.
“Algunas jeringas, conteniendo esta sustancia, fueron halladas en varios lugares donde vivió Salah Abdeslam, un miembro de los comandos que cometieron los ataques del 13 de noviembre, y en las casas de algunos cómplices”, afirmó el sitio de la revista Le Point.
El Captagon contiene la anfetamina fenetillina, a menudo mezclada en cafeína, y estaba en la sangre de Seifeddine Rezgui, uno de los autores del atentado sobre la playa en Túnez del 26 de junio pasado, donde murieron 39 personas.
“Como todas las otras anfetaminas, esta droga aumenta la resistencia al cansancio y la atención, además de causar una pérdida del juicio. Da la impresión a quien la consume de ser omnipotente, una especie de ‘rey del mundo’”, explicó a Ciencia y Futuro Jean-Pol Tassin, un neurobiólogo del Instituto Nacional de la Salud e Investigación Sanitaria.
Además, inhibe el dolor y la sensación de miedo. El Captagon, cuya dosis puede costar entre 5 y 20 dólares, nació inicialmente para ser usada por los jóvenes de familias ricas de las monarquías del Golfo Pérsico.
Pero hace tiempo, dice el diario El Mundo, que ha encontrado un nuevo y enorme mercado en Siria, hasta el punto de que ese país se ha convertido en su primer productor, y los milicianos embarcados en la guerra santa, en sus principales consumidores.
Los yihadistas que viven ocultos en Europa, como los que atacaron el viernes en París además consumen otro tipo de drogas más comunes como marihuana y toman alcohol, algo prohibido por el Islam. Es más, el Estado Islámico puede llegar a condenar a muerte a una persona que consume alcohol.