Reveló que “este año, debido a la competencia, hemos tenido que bajar algunos precios hasta 30% en relación con las listas del año pasado, cuando la escasez de fruta a raíz de las heladas había tenido subofertado al mercado nacional”.
Probablemente el producto que sufrió el mayor retroceso en su precio haya sido la pasa de uva. Lo señalaba Norberto Muravnik, titular de la empresa Pasrai. La firma procesa fundamentalmente pasas de uva, algo de tomate deshidratado y de aceite de oliva, en su establecimiento industrial afincado en Maipú.
El empresario recordó que “exportábamos mucho, pero con el dólar quieto y el aumento de los costos en dólares, dejamos de ser competitivos”. Explicó que “mandábamos el 60% o el 70% de nuestra producción a Brasil, Paraguay, Uruguay, pero fuimos decayendo y ya el año pasado no exportamos nada”.
Reseñó que “nuestros productos no dejan de ser un commodity y desde hace años mantienen prácticamente los mismos precios, en dólares, en el mercado internacional, mientras los costos de producción siguen subiendo”. Apuntó que “habría que ser un exportador con espalda muy grande como para mantener un mercado perdiendo plata”.
Con este escenario, tuvieron que volcarse de lleno al mercado interno, "pero este año es más grave que otros -aseguró-, porque lo ha hecho la mayoría de quienes están en el negocio de la pasa de uva, sobre todo. Entonces se satura el mercado y los precios bajan".
Desde el Este, en tanto, el productor e industrial Pablo Maza expone una situación distinta, de precios similares a los de hace un año pero, en cambio, con notorias caídas en el consumo.
El de su empresa, “De Alma”, productora, secadora y comercializadora de frutas con asiento en Junín, es un caso particular. Sobre finales de los ‘90 incursionó en el negocio de los frutos desecados, aprovechando el sistema de distribución de vinos que tenían montado en el noreste argentino. Hoy llega con duraznos, uvas y ciruelas desecados a las provincias de Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones.
Produce y procesa su fruta y, en menor medida, la que adquiere a productores de la zona Este de Mendoza. Fracciona las ciruelas y duraznos en cajas de 10 kilos, en paquetes de 250 gramos y de 500 gramos y las pasas de uva en paquetes de 100 gramos y de 200 gramos. Complementa la cartera con nueces y almendras, en el primer caso, de producción propia también.
“Nosotros vendemos mucho en frontera -explicó Maza- y se mueve bastante cuando el tipo de cambio con los países limítrofes es favorable, porque vienen del otro lado a comprar; por eso este año, con la devaluación de Brasil sobre todo, la demanda ha caído”.
Recordó que el año pasado los precios fueron buenos, porque había caído la oferta. Este año, si bien reconoció que “hay mayor competencia” porque hubo volúmenes importantes de materia prima, “nosotros hemos podido mantener los precios en niveles similares”.
De todas maneras aclara que “recién ahora están empezando las ventas, porque el mayor consumo se da desde mitad de año hacia adelante, por lo menos en la zona nuestra”.
Precios en baja
Antonio Iriarte, de General Alvear, reveló que este año un productor primario recibió en promedio, por kilo de fruta, “entre un peso y un peso veinte, descontando el costo de la cosecha”. Detalló que “el costo de la cosecha, que fue de alrededor de un peso, representó este año, como mínimo, el 40% del precio que se pagó por la materia prima.
Aunque el durazno siempre vale más porque es una fruta que requiere mayores cuidados, este año, en el Sur, se pagó prácticamente igual que la ciruela”. De todas maneras, estas especies dejaron algo de utilidad, “pero si hablamos de uvas o de peras, el productor perdió plata”.
Iriarte empaca la fruta en cajas de 5 kilos a 10 kilos y distribuye a mayoristas de todo el país (sobre todo de Buenos Aires, que absorbe el 80% de su producción) y, en menor medida, a comerciantes que -aunque venden directamente al público- tienen cierta capacidad de compra.
El precio de una caja de 5 kilos terminada, puesta en planchada del secadero, se sitúa entre los $ 150 y los $ 180. La caja con 10 kilos de fruta tiene un valor relativo menor, porque cuesta alrededor de $ 250, “siempre hablando de fruta de primera calidad, porque hay de menor valor también”.
A ese precio hay que sumarle el flete al lugar de destino y distribuirlo, cuyo costo, en este caso, lo asume la firma de Alvear, que representa $ 1,20 por kilo, de manera que cuesta lo mismo que recibió este año el productor primario por un kilo de fruta.
Comparando estos precios con los de la temporada pasada, Iriarte recordó que el año anterior, “la caja de 5 kilos de fruta de primera desecada, puesta en secadero, no bajaba de $ 200, y la de 10 kilos no bajaba de $ 300”. De manera que “hemos tenido que bajar los precios en algunos casos hasta el 30%”. Es que “hubo mucha competencia, por los importantes volúmenes de fruta disponibles este año”.
El empresario juninense Pablo Maza precisó que una caja terminada, de 10 kilos de ciruela, puesta en secadero, puede fluctuar”entre los $ 250 y los $ 300 (un promedio de $ 275) dependiendo si se trata de fruta con o sin carozo, y de los calibres”.
En cuanto al durazno deshidratado “es un caso particular, nosotros hacemos muy poca cantidad, para clientes puntuales, porque se necesitan 8 kilos de durazno fresco para hacer 1 kilo de medallones secos. Por eso “hoy vale -precio mayorista- $ 50 el kilo de medallones de durazno”.
Según la cuenta de Maza, el flete hasta el noreste cuesta -según la provincia de destino- entre $ 0,30 y $ 0,50 por kilo.
Aclaró, no obstante, que “es difícil comparar nuestros precios con el de otros proveedores, porque nosotros le damos un precio final al cliente, puesto en destino, que ya contempla el costo del flete”, que en el caso de Alma tiende a diluirse en la amplia variedad de productos que componen su oferta.
Coincidió con sus colegas en que, cuando hay mucha producción, la posibilidad -o no- de exportar determina la evolución de los precios en el mercado interno. Puso como ejemplo el caso de la pasa de uva. “Se vendía a $ 300 la caja de 10 kilos, y hoy ha caído un 50%, están vendiendo a $ 150 o $ 160. Este es uno de los artículos en los que más se nota la caída de precios este año, sobre todo en esta época de producción, cuando uno necesita liquidez permanente”.
Muravnik coincidió en esto con su colega del Este y detalló que “la pasa de uva se está vendiendo entre el 35% y el 50% más barata que el año pasado, tanto en el mercado interno como en el exterior, porque los brasileños han aprovechado la superproducción que hemos tenido, y mientras el año pasado compraban 23 o 24 dólares, este año ofrecen 15 dólares la caja de 10 kilos”.
La caja de pasas de uva está en “alrededor de $ 180 a $ 200 (puesto en nuestra fábrica), y el año pasado había estado en $ 300; pero hay gente que está vendiendo a Brasil a $ 150 o $ 160”.
Eso se refleja en el precio que pueden pagar los secaderos por la materia prima, sin contar los beneficios que tienen las bodegas para comprar uva destinada a la elaboración de mosto.
En cuanto al mercado de tomate deshidratado, “está complicado también porque, al no poder exportar, se satura el mercado interno y se está vendiendo más barato que el año pasado, fácil un 30% o 40% más barato”. Precisó que el consumo de ese producto “ha crecido mucho”, pero el mercado quedó sobreofertado porque “antes éramos pocos los que lo hacíamos y ahora son muchos los que lo hacen”.
El tomate se vende en cajas de 5 kilos, y hoy en día tienen un precio, al mayorista de “entre $ 75 y $ 80 el kilo”. Aclaró que “hacen falta entre 18 y 20 kilos de tomate fresco para hacer uno de seco, y hay que partir uno por uno al medio, y ponerlo por el corte para arriba, porque si no se cocina y no se seca”.
Escenario complicado
Para Pablo Maza, el panorama hacia adelante “es de incertidumbre, porque si bien -nosotros al menos- hemos podido mantener los precios, las ventas han caído bastante”. No se arriesga a dar un porcentaje, “pero podría decirle, para darle una referencia, que hace 4 ó 5 años cargábamos nuestros tres camiones y fletábamos otros dos o tres por mes. Hoy tenemos parado uno de los nuestros, y con los dos que están trabajando a veces sobra. Es que no sólo cayó el consumo de frutas secas, sino también el consumo de vino”.
La incertidumbre sobre los tiempos por venir está dada por la forma como pueda seguir respondiendo el consumo y, “sobre todo, por los costos, que han aumentado por lo menos un 30%, sin duda”.
Norberto Muravnik, en tanto, comentó que “todos tienen la esperanza de que para la próxima temporada van a sincerarse algunas variables macroeconómicas, porque si no, las economías regionales están liquidadas”.
No obstante, Antonio Iriarte advirtió que “el panorama no es bueno y sigue complicándose, tanto para los industriales como para los productores”.
Según el empresario sureño, “se necesitaría una adecuación del tipo de cambio, pero no cualquiera toca ese tema”. Entiende que “todo producto regional, que no influye en el consumo interno, debería tener un reintegro”.
Aumentan los costos
Antonio Iriarte, de la firma alvearense Los Compartos, manifestó su preocupación porque “a algunos secaderos nos ha surgido el problema de la recategorización como consumidores de gas. Al pasar a consumir más de 180.000 m3 por año, nos consideran grandes consumidores y nos obligan a pasar a contratar en boca de pozo, con lo cual, la tarifa podría aumentar hasta un 800% en relación con el precio al que lo consigue la competencia, en una distribuidora local. De manera, que la participación de ese insumo en el cuadro total de costos pasaría del 2% al 3% actual, al 20%, con la tarifa de gran consumidor”.
Productores ya están saliendo del sistema
El titular de la firma alvearense Los Compartos, Antonio Iriarte, admitió que su doble condición de productor e industrial le ayuda a defender mejor el precio de su fruta, y que “llegar a la comercialización no le permite a uno salvarse del todo, pero sí hacer una diferencia”.
Señaló que el precio que finalmente paga el consumidor supera varias veces al de la fruta, que ese valor se reparte entre muchas manos y que "el que menos recibe es el productor", y advirtió que "el que sólo produce, la está pasando muy, pero muy mal y tiende a desaparecer".
Coincidiendo en cuanto a la situación de los productores netos, Norberto Muravnik, de la maipucina Pasrai, remarcó que "está muy mala, es como para que tiren la toalla y no quieran producir más, porque hoy no es rentable el trabajo de la tierra".
De hecho, desde el Sur, Iriarte alertaba sobre el abandono de fincas en General Alvear y San Rafael y acerca del “escaso interés de las nuevas generaciones en continuar la actividad”.