Un día la sonrisa se borró de las caras brasileñas. Sí señores, Argentina comenzó a mostrar solidez y juego colectivo, atributos que se le estaban reclamando y los dueños de casa saben que la semifinal no será fácil el próximo martes.
Un día la sonrisa se borró de las caras brasileñas. Sí señores, Argentina comenzó a mostrar solidez y juego colectivo, atributos que se le estaban reclamando y los dueños de casa saben que la semifinal no será fácil el próximo martes.
El equipo de Scaloni (el DT que según Messi está aprendiendo) se va afianzando con el correr de los partidos. Ya nada tiene que ver con aquel grupo timorato y desconcertado que se presentó frente a Colombia.
Con un Acuña que le dio más orden y marca al mediocampo, con un tridente ofensivo que cada vez se entiende mejor, al extremo de que ayer no se necesitó de ese Messi semidios para poder superar al rival, y con una defensa que no es inexpugnable pero da señales de solvencia, Argentina casi ni sufrió ante Venezuela, a la que muchos decían una potencia.
Brasil sabe ahora que su paso a la final ya no será un trámite. Es un clásico y allí pesan otras cosas. Después de ver esta nueva versión, hay para ilusionarse. Es que Argentina con poco, está en su tercera semifinal consecutiva y todos tenemos ganas de cantar… “Brasil, decime que se siente”.