El Papa Francisco, cuando fue provincial jesuita en la Argentina en 1975, salvó la vida del sacerdote español José Caravias, radicado actualmente en Paraguay, y a otros dos curas, amenazados de muerte en Buenos Aires por el grupo paramilitar “Triple A”, reveló el religioso.
“Cuando el provincial, que era Bergoglio, me dijo: ‘Tengo noticias de que la Triple A decretó tu muerte y de (el húngaro Francisco) Jalics’, yo consideré que no valía la pena hacerse el héroe”, relató Caravias en una entrevista en su lugar de residencia, la parroquia Cristo Rey de Asunción.
“A mí ya me habían expulsado de Paraguay en 1972. Conocía la ferocidad de la dictadura. En cambio, Jalics se hizo el valiente y se quedó en Buenos Aires, y casi le cuesta la vida. No quiso irse y lo pasó muy mal. Lo torturaron mucho. Bergoglio lo salvó. Se empeñó en averiguar dónde estaba. Si no lo reclamaba lo mataban. También salvó al argentino Orlando Yorio”, continuó.
“Yo puedo dar testimonio de la advertencia que nos hizo a Jalics y a mí, pero no de Yorio”, aclaró Caravias. “Ambos trabajábamos en las villas miseria” de la capital argentina.
“En esos meses anteriores habían matado a varios sacerdotes, uno de ellos, el padre Mauricio Silva. Era un padre barrendero. Era empleado barrendero. Lo mataron torturándolo. La cosa no era broma”, dijo Caravias.
El sacerdote recordó que estando en casa de sus familiares en Málaga, España, recibió la encomienda de trasladarse a Ecuador, adonde el jefe provincial de Roma lo envió para trabajar con indígenas. “En Ecuador estuve 14 años”.
En Paraguay, Caravias trabajaba para organizar a los campesinos en cooperativas. “Un día me alzaron en una camioneta de la policía y me arrojaron en Clorinda. No olvida la fecha. “Fue el 5 de mayo de 1972”, dijo. “De ahí fui a trabajar con obrajeros de la provincia del Chaco argentino. Formamos un sindicato de hacheros, gente muy explotada, muy maltratada. De allí ya fui corrido con amenazas de muerte y fui a parar a Buenos Aires”, precisó.
Dijo que él podía dar testimonio de lo que hizo el entonces padre Bergoglio, al tiempo de calificar de “calumnia terrible” la versión de que supuestamente el ex provincial entregó a sus compañeros.