Viaje a la semilla elemental del sonido: Benito tiene tres años, escucha una y otra vez un cassette con canciones bien noventeras, como “Wonderwall” de Oasis.
Viaje a la semilla elemental del sonido: Benito tiene tres años, escucha una y otra vez un cassette con canciones bien noventeras, como “Wonderwall” de Oasis.
Todas siguen loopeando en su cabeza cuando la cinta termina. Y llama la atención que, cuando Estilo le pregunte su primer recuerdo musical, venga a la cabeza esta cassettera chiquita y con stickers infantiles muy de la época, y no alguna canción de su papá: será que los sonidos Cerati ya no son música para él, sino ADN.
Esas canciones “me las acuerdo muy vívidamente”, dice del otro lado del teléfono con una simpatía que por momentos parece timidez disimulada.
Y después empiezan a caer otros temas, sí, flashazos del pasado: cuando su papá grababa "Bocanada" o cuando produjo "Mar", de Leo García y él se metía en el estudio a toquetear, subir y bajar el volumen, modificar, mutear y remixar: "¡No le pongás guardar!", le suplicaba el ex-Soda Stereo.
"Así fui aprendiendo qué hacía cada cosa", termina de agregar. Y, si bien se podría decir que a los tres años tuvo sus primeras aventuras en la composición, la música ya lo había atrapado de antemano: ¿se acuerdan que, al final de "Te llevo para que me lleves" (1993), Cerati acopla los latidos acuáticos de Benito en la panza?
Es una historia ineludible: El fermento de un Benito Cerati que ahora, con 23 años, con banda propia, y a tres años de haber sacado su primer disco con Zero Kill ("Trip Tour"), viene para presentar su segundo trabajo, "Alien Head" (Sony Music). Será el sábado que viene en N8 Estudio.
Este álbum, aparte del eclecticismo, refleja la intensa creatividad de Benito, que tuvo el apoyo en la producción de Tweety González (antiguo colaborador de Soda Stereo). Con cinco cortes en español y cuatro en inglés, lo acompañan el bajo de Dana Bell, Alfredo García Tau en guitarras y efectos y Pedro Bulgakov en batería.
A esta altura del 2016, la banda viene de participar en el Cosquín Rock, del Personal Fest Buenos Aires y de una gira por Rosario y Córdoba.
Del frenesí a la calma
-¿Con qué concepto viene "Alien Head"?
-Lo que me pasó justamente con la palabra “concepto” es que el disco anterior tenía demasiado de eso, entonces este es todo lo contrario. Busqué que este no tenga mucho concepto. Más bien es una especie de catarsis que hice, porque todos los temas los hice de una sacada.
Todos tienen un clima distinto al disco anterior, porque me remiten a una época más tranquila, mucho más apaciguada que antes. Hay como una calma luminosa en cierto punto. El disco anterior había estado más cargado no de negatividad, pero más pesado emocionalmente. Este es más tranquilo, más terrenal, más luminoso. La otra cara de la moneda, digamos.
-Es un disco bastante ecléctico: varios estilos, cantás en español e inglés...
-En realidad, lo que le da el sonido distinto al anterior es que ahora hay banda. Si bien yo soy el que compone y escribe, los chicos que me acompañan en vivo son los mismos que tocan en el disco. Entonces, da como una cosa no tan dispar... busqué una linealidad en ese sentido.
Con “Trip Tour” y con “Alien Head” traté de buscar dos cosas distintas: un disco más tranquilo, y otro con temas más arriba, más frenéticos. Lo calmo más acústico, lo electrónico más al palo, digamos.
-Te suelen emparentar con Bowie.
-Me gustan las bandas en las que ningún disco se parece al anterior, viste. Y es algo que me viene bien a mí porque soy una persona muy ansiosa, me gustan muchas cosas y quiero hacer todo a la vez, y bueno... Es como que no, pará, vamos a abarcar una sola cosa a la vez (ríe).
-Podríamos decir entonces que lo ecléctico no es una búsqueda de estilo, ¿sino que ese es tu estilo?
-Se puede pensar así, para mí es darme un gusto (ríe). Yo sé perfectamente qué me gusta y qué no me gusta.
-Y hoy, por ejemplo, ¿qué música tenés en el celular? Para que nos demos una idea de tus gustos...
-La verdad es que soy muy noventero: Bowie, Beck, y también The Cure, Vangelis, algo más gótico, Massive Attack. Muy Londres noventa.
-Llama la atención el arte de tapa, ¿qué es?
-(ríe) Bueno, el disco tiene mucho humor, mucha cosa irónica, graciosa. El arte tiene mucho de eso también. Una vez hicimos un viaje con mi familia a un museo de Nueva York donde había fotos de médiums, tipo espiritistas (nota del redactor: su papá, a su vez, se inspiró también en esta experiencia cuando compuso la canción “Médium”).
-¿Qué vieron?
-¡Nos impresionaba realmente que la gente se creyera esas fotos! Es que eran todas muy truchas. Todo mal photoshopeado (ríe). Vos veías a la gente pasar diciendo oooohhh, ¡no puede ser, pensabas! Y ahora, más grande, volví a acordarme de eso y me pareció gracioso para replicar, y más absurdamente todavía, porque acá no hay Photoshop, sino que hay una persona con una tela encima. Nos divertimos mucho con eso.
-Cuando empezaste a ser más conocido se habló mucho de la burbuja musical en la que habías vivido, ¿ya saliste? ¿cómo ves hacia atrás esa independencia?
-Tal vez el primer disco fue justo la crisis de cambio, en muchos aspectos en mi vida, y un poco refleja eso. Yo estaba medio perdido, no sabía para dónde ir. Sí sabía que quería hacer música, que quería sacar un disco, pero por ahí peca un poco de inconsistencia esa época.
Ahí sí te podría decir que tenía ideas, pero no había nada concreto.
En estos tres años pasaron muchísimas cosas en mi vida. Maduré muchísimo, crecí, inclusive creo que mis ideas también. Este disco también tiene algo distinto: siento que se concretó, que está bien hecho y me da placer escucharlo. Me parece que tiene que ver con haber salido de una burbuja, sí: salí a la vida en el medio.
Ahora es diferente, lo podés ver en las letras, estoy hablando de cosas concretas, cuando el disco anterior era más surrealista, más asociación libre. Los chicos de la banda me ayudan un montón en todo esto, pero yo también soy una persona distinta. Aunque para ser lo que soy tuve que haber sido el anterior. Siento que me he encontrado con mí mismo.
-Vivís otra etapa, entonces.
-Absolutamente, me encanta que la gente vaya a los shows y de repente ver que cantan. Es algo que no lo puedo creer, ¡se saben los temas, qué increíble! Cuando pensaba que nadie escuchaba mi música...
-¿Te pesa algo la figura de tu papá al momento de hacer carrera?
-La verdad es que es algo que vino desde siempre. Es mucho más fuerte lo que a mí me pasa con la música que lo que pueda llegar a pesarme algún comentario o lo que sea.
No estoy tratando de “parecerme a” o “no parecerme a”, o “uhh, esto no les va a gustar porque es muy distinto” o “es muy igual”. Somos una banda que recién empieza. Por supuesto que con mi padre escuchábamos la misma música, por ahí el tema de canalizarla es distinto. Siento que tampoco estoy muy lejos de él, aunque no me comparo.
Mi música es única, aunque sí, hay mucha influencia de lo que hizo mi viejo, porque es lo que mamé, lo primero que escuché: durante los primeros tres años de mi vida fui a todos sus shows. Mucho de cómo me muevo en el escenario es de haberlo visto a él y su banda.
-Siempre tuviste plena libertad.
-De chico siempre fui libre, sí, con lo que sea. Yo hacía al principio acid house, que mi viejo nunca había hecho. Y no importaba, escuchaba igual y lo disfrutábamos. No era que me obligaba a agarrar la guitarra.
-¿Y qué fue lo más importante que te enseñó?
-Es una buena pregunta, porque indirecta o directamente el 90 por ciento lo aprendí de él. Pero al margen de la música, él me enseñó cómo ser una buena persona, cómo escuchar al otro. A nivel personal, mucho de lo que él me ha dado es la humildad.
La ficha
Zero Kill presenta su disco "Alien Head"
Banda invitada: Santo Tabú
Fecha y hora: Sábado 29 de octubre, a las 23
Lugar: N8 Estudio (Mitre y Godoy Cruz)
Entrada: $200 (disponibles en N8 Estudio de 12 a 21)
Informes: 420-4749.