15 de febrero de 2013 - 01:03

Del bautismo en San Carlos a la defensa del Cura Brochero en Roma

El 16 de febrero de 1963, a las 17 horas y cuando todavía era una recién nacida, Silvia Correale fue bautizada en la parroquia de San Carlos, en el corazón del Valle de Uco. Aunque llegó al mundo en Rosario, Ruth Chaut, su madrina de bautismo y residente en Tunuyán, eligió la capilla sancarlina para que su ahijada se uniera a la grey católica, de la que ya nunca se separaría.

La vida siguió su curso y ella continuó sus estudios en su Santa Fe natal, donde se recibió de abogada en la Universidad Católica Argentina. Allí también fue colaboradora de la cátedra de Teología. Ya adolescente, tuvo un papel destacado en Acción Católica. Luego, obtuvo una beca para realizar una licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. Un tiempo más tarde, logró doctorarse con el mérito Summa Cum Laude en la Universidad Luteranense de la capital italiana. Con ese bagaje a cuestas y otros títulos más, Correale ingresó en 1994 a la Congregación de los Santos, el organismo que recibe todos los pedidos para que hombres y mujeres puedan alcanzar la categoría de santos.

Así, la profesional argentina ha tenido a su cargo resonantes casos que provienen de diferentes países, como el proceso de canonización del cardenal vietnamita François-Xavier Nguyen Van Thuan, del artista español Antonio Gaudí, o, más cercano para nosotros, el cura José Brochero.

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