Noche de concierto en el Bustelo. Tocaban Baglietto y Garré, dos que estuvieron juntos hace mucho tiempo, allá por los 80 y 90, y que ahora, sólo por un rato, vuelven a juntarse. Abajo del escenario se esperaba un público "de 30 y largos para arriba". Nostalgiosos que buscarían rememorar las canciones que el dúo les hizo disfrutar en su adolescencia. Pero también se esperaba que fuesen los puristas de Baglietto, para escuchar sus interpretaciones y los puristas de Garré, para reencontrarse con la belleza de sus baladas.
Se esperaba que fuesen exigentes de la música que analizarían hasta el más mínimo detalle.
Y se esperaba que fuesen los desfachatados del oído, a los que poco les interesan los acordes si son tocados con sentimiento. Se esperaba entonces que nadie saliese defraudado. Y así fue.
Crónica de un reencuentro
Apenas 15 minutos después de la hora convenida se suben a las tablas y de entrada empiezan a satisfacer a los que esperan.
Suena "Era en abril" y los nostalgiosos comienzan a emocionarse. Sentirán lo mismo durante una hora y cuarenta minutos. Luego "Aquí Zamba" y después "Canción del Pinar". De parabienes.
El recital transcurre y los exigentes ven una banda compacta, armónica, con arreglos bien logrados y una diversificada congruencia de instrumentos de viento, de cuerdas, de percusión.
Y un sonidista que sabe disimular aquellos tonos que los nostalgiosos recordaban pero que el paso de los años han deteriorado un poco. Apenas un poco.
Después el público se enterará que el criterioso sonidista es nada más y nada menos que Lito Vitale. Un lujo.
El concierto sigue. Aparece Silvina sola y canta un par de temas nuevos. Luego Juan hace lo propio. Invita a su hijo, Julián, el percusionista de la banda, que también toca el acordeón. Y canta casi como su padre. Puristas y buscadores de novedades empiezan a sentirse satisfechos por igual.
Y luego de a poco, comienza a armarse el final a toda orquesta. Con los grandes éxitos.
Con eso que a los de "treinta y largos y más" les hacen recordar los recitales ochentosos. Se suceden, "Historia del mate cocido", una linda versión del "dicen que viajando…" de Lito Nebbia. Luego "Sólo se trata de vivir", y empieza el baile con "Se fuerza la máquina". Hace rato que los artistas ya no cantan solos. El final llega con "El Témpano" y los bises, "La vida es una moneda" primero y "Cantar cantar" después. Y así, con todos satisfechos, el concierto se termina. Los exigentes tuvieron una presentación equilibrada, con escasos altibajos, muy bien disimulados.
Los puristas tuvieron un poco de cada cantante y también fue bueno. Y los nostalgiosos se dieron el gusto de cantar y corear aquellos viejos temas que tanto los hicieron emocionar antes, y anoche también. Y que ojalá algún día los vuelva a emocionar, porque si bien ellos dicen que se juntaron "sólo por un rato", bueno sería que lo hicieran más seguido.