14 de octubre de 2013 - 23:05

Atentado en ciudad rebelde: 30 muertos

El hecho ocurrió después del secuestro de trabajadores de la Cruz Roja. Washington presiona por conversaciones de paz.

Al menos 30 personas murieron ayer en un atentado con coche bomba en el noroeste de Siria, mientras Estados Unidos continúa presionando por un diálogo de paz, a pesar de las divisiones en la oposición.

El ataque, ocurrido en una zona controlada por los rebeldes en la provincia de Idlib, ocurrió un día después del secuestro de siete trabajadores de la Cruz Roja, en el noreste del país. Cuatro de ellos fueron liberados "sanos y salvos" el día lunes, según anunció Ewan Watson, el vocero de la Cruz Roja.

Tras esa liberación, el Observatorio sirio de Derechos Humanos afirmó que la organización yihadista el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) es la responsable de ese secuestro.

En el ámbito diplomático, Rusia llamó a Estados Unidos a convencer a la dividida oposición siria a que participe en la conferencia de paz denominada Ginebra-2.

Por su parte, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, consideró "urgente" fijar una fecha para dicha conferencia, tras reunirse en Londres con el emisario internacional, Lakhdar Brahimi. El atentado tuvo lugar en la ciudad de Darkush, cerca de la frontera con Turquía, indicó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

"El balance aumentó a 30 muertos, entre ellos tres niños y una mujer", añadió esta ONG, que en un balance previo había dado la cifra de 20 muertos. El atentado se produjo en un mercado de la ciudad, según fuentes opositoras. Un video difundido después del atentado por fuentes opositoras muestra edificios dañados y autos incendiados.

El domingo por la noche, dos coche bomba conducidos por kamikazes explotaron en pleno centro de Damasco sin dejar víctimas, según medios oficiales. Ayer, la Cruz Roja manifestó su determinación en seguir con su trabajo en Siria, a pesar de este secuestro, pero transmitió también su preocupación.

"No tenemos la más mínima intención de cesar nuestras actividades en Siria pero, por supuesto, tal situación nos hace reflexionar (...). No podremos trabajar y ayudar a la población siria sin tener seguridad para nuestro personal", declaró el CICR en Ginebra.

El CICR cuenta con una treintena de expatriados y unos 120 empleados sirios en Siria y es una de las pocas organizaciones que trabaja tanto en las zonas controladas por los rebeldes como las del régimen.

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