Arabia Saudita reconoció ayer que ejecutó a 47 personas condenadas por "terrorismo", entre ellas a jihadistas sunnitas de Al Qaeda y al líder religioso chiíta Nimr Baqir al-Nimr, algo que disparó fuertes protestas por parte de dirigentes de esa rama del Islam.
Las reacciones por la muerte del clérigo no se hicieron esperar entre la comunidad chiíta de países árabes como Bahréin, el Líbano o Irak, lo que ha agudizado las ya crecientes tensiones sectarias.
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, una potencia chiíta cuyas relaciones con Arabia Saudí son tensas, reaccionó de inmediato y prometió que Riad pagará "un precio elevado" por la muerte del Al-Nimr, anunciada por el ministerio del Interior.
Por su parte Mohammed al-Nimr, hermano del líder chiíta, advirtió que la ejecución "provocará la ira de los jóvenes" de esta comunidad minoritaria en Arabia Saudita, un país dirigido por la dinastía sunnita de los Al-Saud.
Los condenados -45 saudíes, un egipcio y un chadiano- fueron ejecutados en doce ciudades, precisó el ministerio del Interior saudita en una declaración oficial.
Según las autoridades, fueron condenados por diferentes delitos, en especial por haber abrazado a la ideología radical "takfiri" (término generalmente utilizado para designar a los grupos radicales sunnitas), por haberse unido a "organizaciones terroristas" y por haber realizado "complots criminales".
Nimr Baqir al-Nimr, de 56 años, crítico feroz de la dinastía Al-Saud, fue el líder de un movimiento de protesta que estalló en 2011 en el este del país, donde vive la mayor parte de la minoría chiíta, una comunidad que se siente marginada.
El jefe religioso fue condenado a muerte en octubre de 2014 por "sedición", "desobediencia al soberano" y "tenencia de armas" por un tribunal de Riad especializado en casos de terrorismo.
Protestas y enfrentamientos
En Bahréin, los chiítas tomaron las calles en varias localidades después del rezo del mediodía para protestar por esta ejecución, lo que derivó en choques con las fuerzas de seguridad.
Los manifestantes enarbolaron fotografías de Al-Nimr y entonaron lemas que pedían la muerte para la familia Al-Saud y contra la monarquía bahreiní, que profesa el Islam sunnita como la saudita.
La situación en Bahréin es inestable desde febrero de 2011, cuando comenzaron las protestas de la mayoría chiíta contra la monarquía sunní gobernante para exigir reformas políticas.
Por su parte en el Líbano, el vicepresidente del Consejo Superior Chiíta, el jeque Abdul Amir Qabalan, calificó de "grave error" la ejecución del clérigo disidente saudí, al que denominó "víctima de la discriminación".
"Podría haber sido evitado mediante la emisión de un indulto real que hubiese contribuido a reducir la tensión sectaria que azota Oriente Medio y a reforzar los lazos de cooperación entre musulmanes", afirmó el jeque en un comunicado.
Entre las personas decapitadas ayer se encuentran también jihadistas sunnitas condenados por su implicación en atentados en 2003 y 2004, reivindicados por el grupo Al-Qaeda.
El "terrorismo", el asesinato, la violación, el robo a mano armada, la apostasía y el tráfico de drogas son susceptibles de la pena capital en Arabia Saudita, un país regido por una versión rigorista de la Sharia (ley islámica).
Según Amnistía Internacional, Arabia Saudita es uno de los países que más aplican la pena de muerte en el mundo, junto a China, Irán y Estados Unidos.