Ángel Castro: “Reconvertir es muy caro y sin ayuda del Estado no se puede hacer”

Es uno de los productores de punta del sector. En qué está innovando.

Con un abuelo y su padre que se dedicaron a la vitivinicultura, Ángel Castro trabajaba como técnico electromecánico y como profesor de Física en el nivel secundario hasta que pudo comprarse una finca en Alto Chapanay (San Martín).

Pero lejos del modo en que sus antecesores produjeron, él realiza una serie de innovaciones. Inició la reconversión de sus viñedos, está probando con nuevas variedades de uvas de mesa e implementó dos novedosos sistemas de conducción de las plantas: open gable y box prunning. 

Su idea, sostiene, es tener un unidad productiva autosustentable. Y si bien reconoce que aún no lo logra por completo, ya que parte de sus ingresos provienen de su labor como docente, subraya que se trata de un proyecto de familia, compartido con su esposa y su hijo.

“Hay gente a la que le gusta trabajar en la oficina y otra que prefiere el sol y la tierra. Es nuestra elección de vida”, plantea.

-¿Cuándo comenzó con la reconversión de los viñedos?

-Hace un par de años. Alto Chapanay es considerada una zona de baja calidad enológica, por lo que por más que planté uvas de calidad, no se van a dar bien. Por eso tomamos la decisión de reconvertir a variedades de uva de mesa.

De las 15 hectáreas que tiene la finca, reconvertimos tres a nuevas variedades para mesa que está desarrollando el Inta y tres, que eran de moscatel, a uva tinta, ancellotta y malbec cot. En las nueve restantes hemos mantenido la producción original.

-¿Cómo fue el proceso?

-Todo el mundo sabe que lo tiene que hacer, pero la reconversión es terriblemente onerosa. Se tiene que arrancar lo que hay y estar tres o cuatro años incorporando dinero sin obtenerlo, para recién tener frutos.

Para un pequeño productor es prácticamente imposible si no es con ayuda de entes oficiales. In ta me aportó variedades, el Fondo para la Transformación la mitad del material y la otra mitad sí la pude afrontar yo. La mano de obra fue mía, de mi hijo y mi esposa. No hay otra manera. Si uno tiene que salir a pagar todo, para un pequeño productor es inviable.

-¿Qué otras innovaciones implementó?

-Como es una inversión que prácticamente hace una generación y lo va a recuperar mi hijo, que es la siguiente, empezamos a investigar lo que se hace en otras partes del país y del mundo.

El sistema de conducción ha mutado de espaldero a parral y de parral a open gable. En el INTA me aportaron datos técnicos y yo lo modifiqué, lo adapté a mi situación, porque en otras partes del mundo se usa madera y acá optamos por hierro.

-¿Cómo se arma el open gable?

-Es una mezcla entre un parral, que en todo el mundo sólo se utiliza en Mendoza, en San Juan y en algunos lugares en Chile, y un espaldero. Las plantas se disponen de otra manera para que tengan más aireación, sanidad, flor.

Es para uva de mesa. Para las nuevas tintas que plantamos, después de arrancar las Pedro Giménez, usamos el box prunning, que es otro modo de armar un espaldero. Todo asesorados y dirigidos por el IN TA.

-¿Cómo pudieron financiar estas modificaciones?

-He tenido seis préstamos en distintas épocas. He cancelado cuatro y dos los tengo vigentes. Es que, asesorados por el INTA, Cambio Rural y la Coviar, que nos ayudó con un ingeniero, tuvimos que realizar análisis de suelo y de calidad de agua.

Seis nuevas variedades del INTA

La ingeniera Silvia Ulanovsky, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), comentó que, en el marco de un programa de mejoramiento genético que desarrollan, han creado algunas nuevas variedades.

Se trata de un proceso que lleva unos 15 años como mínimo y que empieza con el cruzamiento y termina con la inscripción en el registro nacional de semillas.

Las seis nuevas variedades, todas sin semilla que ya están inscriptas son: Delicia INTA, similar a la moscatel, para zonas frías; Sorpresa INTA, de gran tamaño y agradable sabor; Fernandina INTA, que brinda muchos racimos; Serena INTA, más temprana; Esperanza INTA, blanca temprana; y Revelación INTA, negra tardía. Desde la entidad, trabajan con algunos productores de avanzada en la transferencia de materiales.

Perfil

Ángel Castro  (50)

Es técnico electromecánico y trabaja como docente en el nivel secundario. Su padre y su abuelo fueron contratistas y medieros en el sector vitivinícola pero no lograron tener su propia finca.

Él, en 2004, compró una propiedad de 15 hectáreas en Alto Chapanay (San Martín), donde hoy está realizando la reconversión de los viñedos por varietales y uvas de mesa. Con el tiempo, sumó otro lugar en el mismo distrito.

Su hijo, Ángel Nicolás, estudia Enología y también adquirió un terreno con viñedos, con los que además elabora su propio vino. Su esposa, Ana Patricia, lo acompaña en la pasión por la tierra.

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