14 de octubre de 2016 - 00:00

Agustín Leal: jazz mendocino con nombre propio

El guitarrista es una máquina jazzera que produce todo el tiempo y repartiéndose en varios grupos. En esta entrevista habla sobre proyectos, la escena de la música independiente mendocina y sobre el toque de esta noche y otros.

Se negó a invertir más tiempo en una vocación artificial y abandonó todo: dejó de lado esa carrera con posgrado a la que tantas fichas le había metido y, siguiendo esta vez un impulso más sincero, se dedicó de lleno a la guitarra.

Y sí: en una época donde innovar y tener espíritu emprendedor resurgen como fórmulas de éxito, Agustín Leal (y tantos músicos más) vienen a recordarnos que, si de ser emprendedor se trata, en la música el que no emprende no vive.

Y es por eso que, para conocerlo, basta con haberse empapado alguna vez la oreja en el argot jazzístico mendocino: con una u otra formación, él pisa, reincide, en teatros, pubs, festivales e incluso clases que da de forma particular: “Hay mucha gente que quiere aprender lo que yo puedo enseñar”, apunta con la humildad necesaria de todo buen músico.

Hoy sus toques se configuran alrededor de Os Malandros (música popular brasileña), de Sertraline Jazz Duet (con el piano de Juan Cucchiarelli), de la Jason's Band (donde pone a prueba sus canciones fusionadas con una cepa más rockera), la Central Jazz (que tiene epicentro en San Rafael) y Azahar Trío, que propuso un inédito mestizaje de rock nacional (por ejemplo, un Spinetta) con la “música clásica negra”, que es como Nina Simone definía el jazz. Con esta formación, que forma al flanco de la batería de Fernando Moncada y el contrabajo (más voz) de Patricio Ibire, viajó al último Festival de Jazz de Valparaíso.

Pero sí, a Agustín a veces también le gusta emigrar a otros toques, a otros destinos: tal será el tándem que formará esta noche con Lilen Graziosi, a la que ya muchos recuerdan haber escuchado con la guitarra de Sebastián Kusselman. Con ella, y acompañados de buena gastronomía a tono, repasarán un cancionero brasileño moderno, íntimo y sentimental: Tatiana Parra, João Gilberto, Caetano Veloso y

Lenine, entre otros.

-¿Qué fue lo que te hizo decantar por la música y abandonar tu otra profesión?

-Me recibí de Administrador de Empresas, pero ya estudiaba música. Sobre todo armonía e improvisación, ya que me atrapaba la idea de hacer una canción teniendo armado el esqueleto y que se pudiera ir construyendo en vivo cada vez de manera distinta.

Así, con esta idea fija, no tardó mucho en aparecer en su camino el jazz. Se dedicó a incursionar en él y en sus vertientes en grupos como Mellow Tunes Fabrique y Zurdo Paz Trío.

Además, nunca dejó de estudiar: a sus bríos de autodidacta siguieron la disciplina de profesores como Kusselman, Marcos Aldana (saxofonista chileno), Ramiro Neves (Bueno Aires) y Ricardo Pellican, con quien estudió en Buenos Aires gracias a una beca en 2013.

Pero ahora, más cerca, tiene fresco en la memoria el recital del viernes pasado, cuando acompañó a Mariano Otero después de su clínica, en las terrazas de la Municipalidad de Mendoza (donde también participaron Yuyo Iglesias, Cóndor Lucero y Rodrigo Botacaulli).

-¿Quedó bien impresionado Mariano Otero?

-Si no le gustó, nos mintió bien (ríe). Fue un toque “a la parrilla”, como se dice: no nos conocíamos, nos pasó los temas dos días antes y salimos a tocar. No hubo nunca ensayo.

-¿Qué evaluación te merecen este tipo de clínicas?

-El tema es que, en general, va mucha gente que no sabe nada de música. Puede ir desde alguien que nunca tocó un bajo a alguien que sabe mucho. Y entonces el músico tiende a nivel para abajo. Pero en este caso estuvo bien nivelada, creo: supo aplicar conceptos tanto para alguien que no sabe nada como para alguien que ya tiene el dominio del instrumento.

-Una cualidad de los músicos independientes es la versatilidad, ¿no echás de menos la especialización, dedicarte a una sola cosa?

-Ahora ya estoy metido en el jazz y no salgo de ahí. Intenté probar otras cosas, pero no me alcanzó la energía para eso. Tocaba bien, pero en un momento pensé que me estaba dispersando demasiado. Me gusta quedarme ahí.

-¿Y acá en Mendoza también?

-Estuve un tiempito en Buenos Aires, donde tomé clases con varios músicos fantásticos. Allá el tema es que, si bien es cierto que hay más lugares para tocar, también hay muchos más músicos. El mismo Ricardo (Pellican) me lo dijo. Cuando le conté lo que nos pagaban en el Festival de Jazz en el Lago, se sorprendió.

-En Mendoza hay un montón de salas, hay públicos y oferta para todo, ¿pero cuál creés que es el desafío para los músicos locales?

-Yo creo que lo que falta es publicidad, que es lo más caro. Es algo que no se hace, aunque Facebook ayude, pero la difusión es algo que muchas veces no se tiene en cuenta. Eso determina que en un recital haya diez o cien personas.

Doble fecha jazzera y un debut

Durante el fin de semana que viene, Leal participará de dos fechas atractivas para el público más jazzero. Por una parte, el viernes 21 de octubre, a las 21.30, subirán a la sala Tito Francia del espacio cultural Julio Le Parc los Azahar Jazz y Cucchiarelli Trío.

El show, bajo el nombre de "Dos Tristes Tríos y el Sexteto Final Jazz", propone una afiebrada zapada por parte de cada uno de los grupos y la unión de ambos para el final. El repertorio incluirá estándares clásicos, pero con arriesgada improvisación, y en una formación atípica de dos guitarras, bajo, batería, piano y vibráfono.

Y el sábado 22, esta vez en el Centro de Congresos y Exposiciones del Parque Agnesi de San Martín, tocará por primera vez con la Jason's Band en el marco de la San Martín Drum Fest. Se trata de su proyecto más personal, donde activa sus canciones fusionadas con rock.

Ficha

Dúo Lilen Graziosi (voz) y Agustín Leal (guitarra).

Fecha y hora: Hoy, a las 21.30

Lugar: Aire + Lab (sólo con reservas, al 156-804421).

Entrada: $80 (habrá comida y tragos brasileños).

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