4 de julio de 2026 - 00:00

Luis Cuitiño: "Hay que apuntar a la calidad del tomate y hacer más atractivo el campo para los jóvenes"

El cofundador de Cuyo Seeds analizó la crisis del tomate para industria, el impacto de la importación de pasta y la necesidad de innovación en el agro.

El tomate industria en Argentina atraviesa un escenario de caída en la superficie cultivada, incremento de la importación de pasta de tomate y una necesidad creciente de incorporar tecnología en el agro para sostener la competitividad. En este contexto, las semillas, la genética y el uso de máquinas y herramientas de precisión aparecen como factores clave en la producción.

Desde Los Andes, conversamos con Luis Cuitiño sobre el presente del sector, la evolución de Cuyo Seeds y los desafíos que enfrenta el tomate para industria en el país.

Luis Cuitiño, de Cuyo Seeds, analizó el impacto de la pasta importada y el rol de la tecnología en el agro.

Luis Cuitiño, de Cuyo Seeds, analizó el impacto de la pasta importada y el rol de la tecnología en el agro.

- ¿Cómo se originó Cuyo Seeds y cuál fue tu recorrido previo hasta su creación?

- La empresa nace en 2018. Yo estuve trabajando en una empresa de Chile que distribuía esta semilla de tomate. Como ya tenía un vínculo con la empresa, porque era importante en la firma donde trabajaba en Chile, cuando vuelvo a la Argentina me ofrecen empezar a trabajar con las variedades de Heinz en el mercado local. Mi trabajo parece que les había gustado y me proponen continuar con esas variedades, así que así nace Cuyo Seeds, a partir de una experiencia laboral en contacto con la gente. Hay un brasilero que tiene la representación para Latinoamérica y, en contacto con él, quería que empezáramos a trabajar juntos. Es un ámbito que conozco mucho porque vengo del tomate industrial desde siempre.

- Para la gente que no conoce , ¿qué sería la semilla para el tomate industrial?

- Primero se creó el kétchup. El que lo inventó fue Heinz, un inmigrante alemán que vive en Estados Unidos. Cuando crea el kétchup busca diferenciarse por la calidad del producto y a partir de eso desarrolla una empresa de semillas para que esas semillas, que son de la marca Heinz, le entreguen un tomate que se distinga en calidad. Por ejemplo, el kétchup Heinz no usa ni colorantes ni espesantes, el color y la consistencia se los da la variedad.

En Argentina no hay fábricas de Heinz, pero si querés un tomate con muy buen color tenés que partir de la variedad. Después hay un montón de aspectos industriales. En la gente común se habla de tomates redondos y perita, nosotros trabajamos con tomates perita, pero dentro de los perita hay muchas variedades. Los tomates que usamos en Chile no tienen nada que ver con los que funcionan bien en Argentina.

- ¿Cómo es el recorrido de la semilla desde su producción hasta que llega al productor argentino?

- Las semillas de tomate se producen en China, India o Tailandia. De ahí se trabaja con una línea macho y una línea hembra, una aporta el polen masculino y la otra recibe ese polen para formar el fruto. Esto se hace de forma manual, con operarios que polinizan flor por flor, y esos países concentran la producción por el costo de mano de obra y la especialización.

En Centroamérica no se produce semilla de tomate, ni en Argentina ni en la región. Luego el fruto se procesa, se separa la semilla, se limpia y se le hacen tratamientos. Después va a Estados Unidos, donde se realizan más controles fitosanitarios y procesos de calidad, y desde ahí se distribuye a los países productores de tomate del mundo, entre ellos Argentina.

- Y actualmente, ¿cómo hacen para importar las semillas?

- Vienen en avión al aeropuerto de Mendoza desde California, Estados Unidos. Son bolsas de 100.000 semillas cada una, que es la unidad mínima de venta. Esa cantidad permite sembrar entre 3 hectáreas y media y 4 hectáreas, con una densidad aproximada de 25.000 plantas por hectárea.

- ¿Cómo está hoy el mercado del tomate?

- La situación del tomate no es buena. Como muchas economías regionales, hay una disminución importante de superficie, no solo en nuestra actividad sino a nivel nacional. Hace 3 años en Argentina se producían cerca de 8.000 hectáreas de tomate, el año pasado se hicieron 3.000 y para el próximo año posiblemente sean menos todavía. El tomate se trasplanta en agosto en La Rioja, en septiembre en San Juan y en octubre en Mendoza, se termina de trasplantar a principios de diciembre y luego la cosecha va de diciembre a abril, que es la época de producción. Estamos concentrados en Cuyo y venimos de años de baja de superficie.

Esto se debe principalmente a dos factores. El primero es la sustitución de producción nacional por importación de pasta de tomate. El negocio grande es el puré de tomate, la cajita de 520 gramos del supermercado, que representa cerca del 70% del mercado. Ese puré puede hacerse en fábricas locales que procesan tomate o puede elaborarse a partir de pasta importada. Las importaciones en Argentina suelen venir de China o Chile. Se compra una pasta concentrada, medida en sólidos solubles o grados Brix, se diluye y se transforma en puré.

En los últimos años, como la pasta está muy barata y no hay restricciones de importación como ocurrió en 2023, muchas industrias decidieron importar en lugar de producir. Con precios internacionales bajos y costos locales altos, se reemplaza la producción nacional. Todo lo que no puede sustituirse, como salsas o tomates pelados, no se importa tanto porque ya es producto terminado.

- Además de semillas, también trabajan con tecnología. ¿Qué necesidades detectaron en el productor?

- Hacemos básicamente tres cosas. Primero importamos semillas de tomate y somos distribuidores exclusivos de la marca Heinz en Argentina. Lo segundo es que representamos estaciones meteorológicas de Austria de la marca IMETOS, vendemos sensores de humedad de suelo, sondas y equipamiento para medición en campo.

Vendemos equipos que permiten medir variables climáticas, por ejemplo temperaturas extremas en zonas productivas como el Valle de Uco o Casas Viejas, lo que permite tomar decisiones sobre riego o defensa contra heladas. El objetivo es mejorar rendimiento y rentabilidad, por ejemplo saber cuándo regar, cuánto regar y cómo manejar la humedad del suelo.

- ¿Cómo logran que el productor adopte esa tecnología?

- La clave es que el productor gane plata y que el trabajo sea más atractivo para las nuevas generaciones. Si no hay rentabilidad, los hijos no continúan en el campo, y aunque haya rentabilidad, si el sistema de trabajo no es atractivo tampoco lo eligen. La tecnología permite ambas cosas: mejorar decisiones y hacer más atractivo el trabajo. Hoy con un teléfono se puede encender una bomba, controlar el riego y la fertilización.

Lo que hacemos es incorporar tecnología y acompañarla con monitoreo. Todas las semanas enviamos informes con lo que pasó en la finca, cómo se comportó el suelo, la temperatura y la transpiración del cultivo. Después damos recomendaciones concretas, por ejemplo ajustar frecuencia de riego o tiempos de aplicación. Eso cambia la forma de trabajar porque antes se hacía todo “como siempre se hizo”. Con datos se puede mejorar el rendimiento, ahorrar energía y fertilizantes, y mejorar la rentabilidad.

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