La incorporación de drones al campo está modificando la forma de observar los cultivos. Ya no se trata solo de obtener fotografías aéreas. La tecnología permite relevar información, identificar diferencias dentro de una parcela y generar datos que pueden utilizarse para definir intervenciones. La agricultura de Mendoza avanza hacia la precisión.
El tema fue uno de los ejes del Congreso Internacional de Drones (CID 2026), que se realizó a fines de septiembre en Tucumán. Un evento organizado por el INTA junto con la Sociedad Rural de Tucumán, Kampu y Carlos Bermúdez.
El encuentro reunió especialistas de distintos países y abordó las aplicaciones de los vehículos aéreos no tripulados en producción, ambiente, servicios públicos, cultura, recreación, ciencia y educación.
El eje de Producción hizo hincapié en las aeroaplicaciones inteligentes, sensores avanzados e inteligencia geoespacial. Detalló como se integra la inteligencia artificial, análisis de datos y monitoreo agroganadero para optimizar los procesos, mejorar la eficiencia productiva y reducir impactos ambientales.
En ese contexto, Julieta Dalmaso del INTA Mendoza, presentó el trabajo “Detección de racimos de uva en imágenes de dron”, un modelo de inteligencia artificial para detectar racimos de uva en imágenes obtenidas mediante drones. Reconocido como el “Mejor Trabajo Científico" en el CID.
De la agricultura al dato
Para el sector agropecuario, una de las discusiones estará centrada en el paso de la imagen al dato. Los drones pueden incorporar cámaras RGB, sensores multiespectrales y otras herramientas que permiten obtener información sobre el estado de los cultivos.
El INTA trabaja sobre aplicaciones vinculadas con el monitoreo, la detección de plagas y enfermedades, la estimación de biomasa, el seguimiento ambiental y las aplicaciones agrícolas. También presentará un protocolo para medir la deriva en tratamientos realizados con drones.
La tecnología suma, además, herramientas de procesamiento de imágenes e inteligencia artificial. El objetivo es que la información obtenida desde el aire pueda ser analizada y transformada en una recomendación para el manejo del cultivo.
El dato como herramienta
En una finca, una misma parcela puede presentar diferencias de vigor, disponibilidad de agua o estado sanitario. La observación convencional permite identificar algunos de esos problemas, pero no siempre registra su distribución dentro del terreno.
El vuelo de un dron permite construir mapas y repetir las mediciones en distintos momentos. Esa información puede compararse y utilizarse para detectar cambios.
La agricultura de precisión se construye sobre esa posibilidad: conocer qué sucede en cada sector y actuar de acuerdo al dato.
En Mendoza, donde la disponibilidad de agua condiciona la producción y donde la viticultura ocupa una superficie extensa, este tipo de herramientas encuentra aplicaciones concretas.
El INTA Rama Caída, en San Rafael, trabaja con técnicas de teledetección y monitoreo de cultivos mediante imágenes obtenidas con drones. Las experiencias incluyen viñedos y buscan aportar información para el seguimiento de los cultivos.
El trabajo también incorpora imágenes multiespectrales para analizar características de las plantas y detectar patrones asociados con problemas sanitarios. El antecedente no es reciente. Técnicos del INTA Mendoza ya utilizaban drones hace una década para realizar seguimientos de parcelas y observar diferencias en el vigor de las plantas.
La tecnológica permitió aumentar la cantidad de información disponible y, al mismo tiempo, mejorar su procesamiento.
Del monitoreo al control
Otro caso mendocino está relacionado con la sanidad vegetal.
El Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (Iscamen) incorporó drones para la aplicación de feromonas para el control de la polilla de la vid.
La herramienta permite intervenir en superficies donde la utilización de maquinaria terrestre presenta dificultades. El sistema forma parte de las estrategias utilizadas para el manejo de la plaga y permite ampliar su aplicación.
El caso muestra otro aspecto de la incorporación de drones al agro. No se utilizan solamente para observar. También pueden intervenir sobre el cultivo. Así la agricultura tradicional comienza a quedar relegada.
La misma lógica aparece en el desarrollo de aplicaciones con equipos destinados a pulverización. En estos casos, el desafío pasa por establecer condiciones de operación, dosis, cobertura y control de la deriva.
Por eso, uno de los temas que abordó el Congreso Internacional de Drones fue la generación de protocolos que permitan medir y controlar los procesos.
El agua otro campo
En Mendoza se desarrollaron experiencias destinadas a mejorar la eficiencia del riego intrafinca. Los drones pueden complementar el relevamiento de las propiedades y aportar información para identificar diferencias dentro de las superficies cultivadas.
En una provincia donde el agro depende del riego, conocer cómo se distribuye el agua dentro de una parcela puede modificar una decisión de manejo.
La discusión, entonces, es determinar qué información se necesita y con qué frecuencia.