4 de noviembre de 2026 - 15:05

Claudio Galmarini: "La misión del INTA está vigente: impulsar y mejorar la vida rural"

El titular del INTA en Mendoza y San Juan analiza el impacto de la investigación agropecuaria en la región, la crisis hídrica y de recortes presupuestarios.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) cumple 70 años de trayectoria en el desarrollo del sector agropecuario argentino. Claudio Galmarini, director regional del organismo para Mendoza y San Juan, en esta charla repasa los principales aportes a las cadenas productivas regionales, explica cómo se organiza la institución y analiza los desafíos que enfrenta en un contexto de restricción.

—Siete décadas de historia: ¿el INTA mantiene vigencia su misión original?

—La misión formulada en 1956, año de creación del INTA, fue impulsar, vigorizar y concretar la investigación y extensión para mejorar la empresa agraria y la vida rural. Sigue vigente. Hemos atravesado vaivenes vinculados a los procesos políticos del país, pero la razón de ser del Instituto no ha cambiado. Esto permite considerarla política de Estado.

La inclusión de los usuarios en la conducción quizá explique, en parte, esa continuidad. En el Consejo Regional participan organizaciones de productores —SRA, CRA, CREA, Acovi y FAA, etc.—, universidades, científicos y los gobiernos de Mendoza y San Juan. Quiero agradecer el compromiso de quienes integran e integraron los consejos del INTA en sus distintos ámbitos.

—¿Cómo se estructura INTA en Mendoza y San Juan?

—Las cinco unidades que dependen del Centro Regional Mendoza-San Juan tienen trayectorias diferentes, algunas previas a la creación del INTA.

La Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Rama Caída, en San Rafael, tiene jurisdicción sobre el sur de Mendoza y comenzó a funcionar en 1925. La empresa británica que construyó la red ferroviaria tenía allí un vivero de frutales. En 1958, el establecimiento se incorporó como estación experimental.

La EEA Mendoza, en Luján de Cuyo, existía desde 1948 como una experimental del Ministerio de Agricultura de la Nación. Con la creación del INTA pasó a depender del organismo. También la EEA La Consulta (San Carlos), tiene antecedentes previos. Desde 1950 funcionaba como subestación del Ministerio de Agricultura y luego pasó al INTA. En Junín, la EEA de La Colonia, nació luego de la creación del Instituto.

Por su parte, en San Juan, la actual EEA en Pocito, tuvo su origen como Agencia de Extensión Rural del INTA y se convirtió en estación experimental en 1958.

El desarrollo rural

—¿Cuáles son los aportes del INTA a la región?

—Mediante el desarrollo y transferencia de tecnología, contribuimos a diversificar la matriz productiva y mejorar la competitividad. Trabajamos para reducir las brechas entre productores con distintos niveles de eficiencia.

Mejoramos el material genético de la cebolla, ajo, tomate, zapallo, orégano y quinua, entre otros cultivos, y pusimos a disposición de los productores variedades de uva de mesa sin semillas. Desde nuestros primeros años promovimos la producción de semillas hortícolas y también preservamos estos recursos genéticos de valor para la producción en un Banco de Germoplasma en La Consulta.

En la EEA Mendoza mantenemos, caracterizamos y ampliamos la colección ampelográfica de vid más importante del hemisferio sur. En San Juan y Junín conservamos colecciones de olivos, una de ellas es reconocida por el Consejo Oleícola Internacional (COI). Además poseemos un Banco de Microorganismos y Levaduras en Luján de Cuyo.

Estos recursos permiten ampliar la diversidad varietal, buscar materiales resistentes a la sequía y controlar enfermedades.

—Ante la crisis hídrica, ¿qué aportes realizó el INTA para mejorar su gestión del agua?

—En una región árida como Mendoza y San Juan, optimizar el uso del agua es prioritario. Trabajamos con los organismos de Irrigación de Mendoza, Hidráulica de San Juan, el Instituto Nacional del Agua (INA) y el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla).

Buscamos aumentar la eficiencia hídrica mediante mejoras en el riego intrafinca, la incorporación de tecnología y material resitente a la sequía. En materia de energías renovables, incorporamos sistemas de energía solar.

La sostenibilidad ambiental esparte de nuestra misión. Por eso promovemos prácticas de agricultura regenerativa que contribuyan a recuperar la fertilidad del suelo y preservar el agua.

—¿Qué ejemplos de articulación con el agro tuvieron impacto en la región?

—Impulsamos iniciativas junto al sector, como el Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI), gestionado por Coviar, y la Asociación Tomate 2000. Articulamos con clústeres productivos y fomentamos el asociativismo por medio de cooperativas como Fecoagro y Lacofrut, sosteniendo actualmente 130 convenios vigentes público-privados.

Investigación y servicio

—¿Qué servicios especializados ofrece el Instituto?

—Brindamos servicios analíticos con laboratorios de referencia en calidad de semillas, residuos de pesticidas, detección de virus en frutales y papa, además de análisis de suelo y fitopatología. Integramos datos de clima, suelo y agua —como el mapa de aptitud para pistacho— y empleamos drones e imágenes satelitales para estimar forraje ganadero.

—¿Cómo enfrenta el INTA la situación actual de ajuste?

—Desde fines de 2023, la dotación se redujo casi un 20% por retiros voluntarios y la imposibilidad de cubrir vacantes, lo que limita nuestra capacidad de respuesta. Si bien el presupuesto cubre gastos corrientes, el mantenimiento de equipos e infraestructura es complejo. La ciencia, tecnología y educación son una inversión indispensable: sus aportes superan ampliamente los recursos destinados. Sin ellos es imposible que un país avance.

El INTA avanza al futuro

"Imagino al INTA mejorando la eficiencia de la agricultura bajo riego en los oasis de Mendoza y San Juan, y reduciendo brechas productivas mediante tecnificación adaptada a cada escala. Espero que las nuevas producciones, como los frutos secos, con identidad territorial accedan a los mercados con trazabilidad y certificación.

En el secano, optimizar el manejo de la ganadería de cría en campos naturales y su enlace con la recría y terminación bajo riego.

Para lograrlo, es necesario contar con material genético tolerante a restricciones hídricas, térmicas y sanitarias, anticipar eventos climáticos y aprovechar herramientas digitales".

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