Así como una mañana, Gregor Samsa se despertó convertido en un insecto; así también Agarrate Catalina un día comenzó a mutar. “Hoy por hoy -dice Yamandú Cardozo- estamos entusiasmados con la posibilidad de hacer lo que realmente querramos; de decir lo que queremos decir y bajo nuestras condiciones, siempre innegociables”. En 2012, la murga decidió alejarse los territorios de Momo, dejó el Carnaval y sus febreros trasnochados; comenzó un proyecto social, educativo y autogestionado que acerca el género a las escuelas del interior del Uruguay (olvidadas en los mapas centralistas) y se lanzó a las rutas.
A ritmo de marcha camión giró por Argentina, Chile, Cuba y México (el recorrido fue declarado de “interés nacional” por el Ministerio de Relaciones Exteriores); y al fin, cuando el calor de diciembre templó el Río de la Plata, La Catalina cruzó hasta el Gran Rex con la idea de comprobar la profecía de los mayas.
“Esperando el fin del mundo”, fue, aquel 20 de diciembre, la manera que encontraron de mitigar la espera: cantaron y contaron; y en una bajada a viva voz convirtieron la calle Corrientes en una improvisada bacanal (con la carga simbólica que esto implica). En definitiva: el ‘fin del mundo’ fue una fiesta.
Fiesta habrá, también, los tres tablados que la murga pisará en Mendoza: el teatro Plaza (hoy, a las 22); el teatro Ducal, de Rivadavia (el viernes, a las 22) y el teatro Roma, de San Rafael (el sábado, a las 22).
El espectáculo está inspirado “El fin del mundo”, aquella puesta carnavalera que estrenaron en 2006, en la que unas ocurrentes cucarachas se burlaban del ser humano. “Fue un espectáculo que nos divirtió mucho y que nos gustaba hacer”, comenta, desde el teléfono el director responsable de la murga.
La anécdota llega desde San Nicolás, uno de los primeros destinos de la gira que los tendrá durante todo agosto en nuestro país (aunque, confiesa, entre tanto no faltarán “escapaditas” a Montevideo para abrazar a la familia y reponer el stock de Canarias). El murguista atiende el llamado con la misma cordialidad que muestra en los tablados. Descree del antifaz, a la hora de dar notas.
-¿Por qué retomaron ‘las cucarachas’?
-En realidad fue una decisión bastante fortuita. La dinámica del Carnaval te obliga a ir guardando pieles en el cajón que, de repente, todavía pueden seguir siendo usadas. ‘El fin del mundo’ siempre fue motivo de charla durante las giras pero fue el formato del teatro, la calle Corrientes, el valor conceptual de que una murga estuviera ahí y la fecha, que nos encontraría actuando en la llegada del fin del mundo, lo que nos hizo que pensar en las cucarachas.
-¿Qué modificaciones hicieron?
-En la retrospectiva encontramos cosas que sostenían y otras que no. Armamos un vestuario y una puesta de escena nueva, y lo mechamos con un repaso de todos nuestros espectáculos, de 2007 a 2011. La suma es un montaje de una hora cuarenta y cinco con cuadros para coleccionistas, otros ‘enchulados’ y algunos nuevos. Las reconstruimos, literalmente; y le dimos total protagonismo (N de la R: en el espectáculo de 2006, las cucarachas sólo parecían en un cuplé).
-Nos interesaba rescatar ese juego de doble antifaz del espectáculo: tipos que hacen de cucarachas que, a su vez, se burlan del ser humano. Establecer una lógica de cambio en el punto de vista, el ser humano visto desde la óptica de una cucaracha, nos permitió ser más incisivos.
Yamandú Cardozo explica y el coro de insectos se cuela, sutil y atrevido: “Qué ironía el mundo, qué contrariedad para el hombre y su moral/ Este bicho inmundo inútil e incapaz/ testigo de su final”.
Pero, sabemos, toda metamorfosis es un proceso que sólo entiende de relojes internos. Agarrate Catalina tiene el propio. De allí, las noticias que marcan el derrotero de este colectivo de trabajo: en noviembre, les espera un recital con León Gieco (se nota el entusiasmo cuando dice su nombre) y el próximo Carnaval tampoco lo tendrá en su grilla.
Le preguntamos, él se suelta, cuenta. Le gusta charlar.
-¿Cómo salió la fecha con León Gieco?
-Hicimos un recital en abril, en Montevideo (en el Teatro de Verano) y salió buenísimo. Nosotros quedamos encantados con León y quedó, también, la onda. Él nos había ido a ver varias veces sin que nosotros supiéramos. Era como una leyenda urbana porque nunca lo podíamos comprobar. Pero andábamos diciendo por ahí que nos había ido a ver León Gieco (risas).
-¿Pero lo comprobaron, alguna vez?
-¡Sí! Un día, Tabaré (Cardozo, su hermano mayor) se lo encontró en Montevideo y le contó que había ido varias veces a La Trastienda. Entonces lo invitamos a hacer el show, le encantó y se colgó: ensayamos canciones suyas, de la murga y algunas de Tabaré. Salió tan lindo que vamos a hacer una gira por el interior del Uruguay y, en noviembre, un Luna Park. Estamos muy orgullosos.
-¿Alejarse del Carnaval influyó, de alguna manera, en los cambios que configuran el presente de la Catalina?
-Nos vino muy bien. Tan bien que tampoco vamos a concursar el Carnaval que viene.
-Porque participar del concurso para renegar del mismo nos parece absurdo. Desde afuera podemos ver lo que está pasando con el concurso. Tenemos la sensación de que la omnipresencia que ha cobrado el concurso está alimentando la propia fiesta; como si fuera una serpiente que se muerde la cola. Pero, también, verlo de afuera nos permite quererlo, extrañarlo, recuperar las ganas. No hay desamor; por el contrario, esta es una medida de amor: “¡Hagamos algo por nuestra relación, Carnaval! Dejemos de vernos un ratito”. Y nos viene saliendo re bien.
Es que sin las ataduras que supone cumplir con el reglamento del concurso (duración, cantidad de integrantes, instrumentos posibles, etcétera), Agarrate Catalina puede respetar el tiempo que pide a gritos cada proceso de creación.
Yamandú detalla: “Ahora vamos a dar un paso distinto. Cuando no hicimos Carnaval salimos de gira con los espectáculos que ya teníamos o los reacondicionamos. Ahora, en cambio, vamos a escribir un espectáculo, desde cero, sin la zanahoria delante que supone el concurso y que nos hace correr”.
-...Y no sabemos cómo nos vamos a sentir. Si quedaremos abúlicos ante la falta de adrenalina o nos moveremos lento. O si ganará la posibilidad de libertad, al no tener las restricciones del reglamento. En todo caso, está bueno ver qué nos pasa a nosotros.
-¿Cómo se sienten, ante esa sola idea?
-Hoy por hoy estamos entusiasmados con la posibilidad de hacer lo que realmente querramos: decir lo que queremos decir y bajo nuestras condiciones, siempre innegociables. Tenemos todo para hacer. Incluso, funciona como una droga: el colectivo reclama una renovación; nuevas ideas y nuevas músicas.
-Este proyecto resignifica el oficio del murguista, siempre acotado a la época carnavalera.
-Y poder crear así nos desata una pila. Hubo espectáculos de carnaval que los sentí orgánicos recién en mayo, después de mucho transitarlos. Hubo otras veces en las que me quedé con la sensación de no saber qué otros caminos se hubiesen podido explorar. Ahora, en cambio, podemos experimentar la sensación invalorable de estrenar algo cuando esté pronto.