11 de diciembre de 2015 - 00:00

A casi un mes de los ataques levantan el memorial en Bataclan

Las autoridades ordenaron retirar las manifestaciones populares de homenaje a los 90 muertos en la vereda. Los archivarán.

Las autoridades francesas ordenaron ayer retirar parte del memorial callejero levantado en París delante de la sala de conciertos Bataclan, donde el pasado 13 de noviembre 90 personas fueron asesinadas y más de 200 resultaron heridas en la cadena de ataques en la capital francesa del grupo islamista radical Estado Islámico (EI).

Los servicios municipales de limpieza empezaron a retirar los dibujos, poemas, mensajes y fotos de homenaje que serán restaurados, digitalizados y conservados por los Archivos de París, que prevé establecer un fondo documental de todo el movimiento de solidaridad desencadenado tras los ataques, en los que en total hubo 130 víctimas mortales.

Desde los atentados, hasta el lugar se acercaron desde el presidente francés, François Hollande, a su homólogo estadounidense, Barack Obama, pasando por el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, varios mandatarios y los componentes del grupo Eagles of Death Meatal, la banda que tocaba cuando irrumpieron los yihadistas.

Las flores, banderas o peluches todavía en buen estado se van a dejar temporalmente en el lugar, colocados tras las vallas de forma que no perturben el paso de la gente.

Algunos de estos recuerdos serán retirados por motivos de seguridad o de higiene, como las velas, mientras que otros ya comenzaron a ser recopilados para poder dar paso a la fase de inventario y clasificación.

El director de los Archivos, Guillaume Nahon, indicó a la cadena BFM TV que todo ese material tiene -además del valor emocional- un valor documental, patrimonial y científico, y quedará posteriormente a disposición del público y de los investigadores.

La alcaldía del distrito 10 de la capital señaló que aunque no da por terminado el periodo de duelo, hace falta devolver de forma progresiva una parte del espacio público a los ciudadanos, para que la vida pueda retomar su curso.

“Un 11 de setiembre a la francesa”, se dijo a principios de año. La referencia a los atentados de 2001 en Nueva York se impuso nuevamente en noviembre, pero por sus consecuencias: estado de emergencia, bombardeos en Siria contra el grupo Estado Islámico (EI) que, al igual que en enero, reivindicó los atentados.

“Francia está en guerra”, declaró François Hollande, como lo había hecho el entonces presidente norteamericano George W. Bush en 2001.A Estados Unidos le llevó diez años terminar con Osama Bin Laden, que al frente de Al Qaeda se había convertido en el enemigo público número uno de las potencias occidentales. Cabe preguntarse si Francia necesitará también tanto tiempo para vencer a Abu Bakr al Bagdadi, que Hollande calificó de jefe de un "ejército terrorista".

Entre tanto, la vida en París está condenada a no ser la misma y a tener en cuenta la amenaza diariamente.

“Escapar, esconderse, alertar”, el Gobierno difundió esa consigna a los parisinos en caso de otros ataques, que algunos expertos consideran inexorables. Carteles con esas instrucciones serán puestos próximamente en una serie de edificios públicos.

Pese a todo, la vida “debe reanudarse”, estima David, de 45 años, que prefiere no dar su apellido. “No hay que ceder al miedo, hay que luchar” y “no vivir a medias”, añade este vecino de uno de los cafés atacados por los yihadistas.

“Queremos demostrarles que somos más fuertes que ellos”, dice Audrey Bily, gerente del bar “La Bonne Bière”, uno de los establecimientos atacados, que volvió a abrir a principios de diciembre, fue el primero en hacerlo.

Pero en París hay militares que patrullan en las calles, guardias en las entradas de las tiendas, incluso en pastelerías y ópticas, viajeros que aparecen como sospechosos para los otros, sobresaltos por el ruido de una moto o de una sirena de bomberos...

“Presto más atención a la gente que sube al metro con maletas”, reconoce Pierre Bréard, ingeniero de 24 años que trabaja en la región parisina. “Miro el vientre de la gente”, afirma Aurélie Martin, maestra de 24 años que el 13 de noviembre salió del Estadio de Francia con las manos en alto a pedido de la policía, después del estallido de los cinturones explosivos de los yihadistas.

Después de la primera conmoción, las actividades profesionales se reanudan, y también los entretenimientos y la vida cultural. Pero la despreocupación ha desaparecido y hay como un peso en la atmósfera.

Los jóvenes han sido afectados, los sicólogos están sobrecargados de trabajo y los turistas vienen menos a la Ciudad Luz.

Francia intensificó sus bombardeos al EI pero se niega a enviar tropas

Después de los atentados del 13 de noviembre, Francia intensificó sus bombardeos contra el grupo Estado Islámico (EI) y trató de movilizar a sus aliados para mantener la máxima presión contra la organización yihadista, pero sigue negándose a aportar tropas para una ofensiva terrestre.

La acción más emblemática de esa repuesta fue el envío al Mediterráneo oriental del portaaviones “Charles de Gaulle”, que intervino en los bombardeos contra el EI diez días después de los atentados yihadistas, que causaron 130 muertos y cientos de heridos en París.

El “Charles de Gaulle” nos “permitió marcar un esfuerzo contra Dáesh (acrónimo árabe del EI) en Siria, continuando al mismo tiempo nuestras misiones de apoyo a tierra (de las tropas kurdas e iraquíes) en Irak”, indicó el portavoz del estado mayor de las fuerzas armadas francesas, el coronel Gilles Jaron.

Tras el despliegue del portaaviones en la zona “pasamos de 5 a 20% de las contribuciones en materia de bombardeos”, precisó.

El “Charles de Gaulle” permitió triplicar la capacidad aérea de Francia contra el EI, llevando de 12 a 38 el número de cazabombarderos estacionados en Oriente Medio. Después de la conmoción de los atentados y su eco mundial, el presidente François Hollande obtuvo ayuda militar de Gran Bretaña y Alemania.

No obstante, la intensificación de los bombardeos, llevada a cabo también por Estados Unidos después de los atentados, no transforma de manera decisiva la situación en el terreno. Sirve para “fragilizar al EI, afectar su funcionamiento, pero no para precipitar su hundimiento”, estima Philippe Gros, de la Fundación para la Investigación Estratégica de París.

Los bombardeos, que se limitaban al apoyo de las tropas de tierra en Irak y eran realizados esencialmente por los norteamericanos, tienen ahora por blanco los centros de comando y de entrenamiento y las instalaciones petroleras que permiten al EI financiarse.

Las incógnitas de la investigación

Un mes después de los atentados sigue avanzando la investigación pero todavía quedan muchas preguntas sin respuesta.

Dos hombres en el punto de mira

El primero es Salah Abdeslam, el hermano de un kamikaze que se hizo estallar frente a un café. Se trata de un francés de 26 años, 1.75m, ojos marrones y pelo engominado que fue visto en París durante los atentados y luego en Bélgica pero desde entonces no ha podido ser localizado.

El segundo es Mohamed Abrini, con doble nacionalidad belga y francesa, con barba, 1.75m de altura y de corpulencia atlética, que fue filmado por una cámara de seguridad junto a Abdeslam dos días antes de los atentados. Hasta ahora no se ha podido dilucidar porque Salah Abdeslam no se hizo estallar como los demás suicidas, quizás tuvo miedo o su cinturón de explosivos no funcionó.

Tampoco se sabe por qué los tres kamikazes que se hicieron estallar cerca del Estadio de Francia, en las afueras de París, lo hicieron en lugares aislados en vez de hacerlo en zonas concurridas, donde habrían provocado muchas más víctimas.

Atacantes sin identificar

Tres de los nueve kamikazes, aunque podría haber habido más, todavía no han sido identificados: dos en el Estadio de Francia y otro que murió a causa de su cinturón de explosivos el 18 de noviembre en Saint-Denis. En el terreno judicial, en Francia hay dos imputados, Jawad Bendaoud, que proporcionó el piso de Saint Denis a Abaaoud, y su allegado, Mohamed S., de 25 años.

En Bélgica han sido inculpadas ocho personas con distintos grados de implicación en los atentados y en Turquía fue detenido un belga de origen marroquí. Según la prensa, varias personas en el Reino Unido habrían estado en contacto con Abaaoud.

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