“Todo el mundo acabará preso”. La advertencia la lanzó hace unas semanas Joesley Batista, el dueño de la mayor empresa cárnica del mundo (JBS) que, acorralado por varios escándalos de corrupción, trata de salvar la piel poniendo entre las cuerdas al presidente brasileño Michel Temer.
El también propietario de las famosas Havaianas, de 44 años, tiene una influencia política conocida en Brasilia. Preside el conglomerado J&F, un negocio familiar que logró internacionalizar junto a su hermano Wesley.
Y aunque, hasta ahora, el personaje más temido por los políticos era Marcelo Odebrecht -ex presidente de la constructora Odebrecht en el centro del megafraude a Petrobras-, es ahora el poderoso y hasta ayer desconocido magnate del agronegocio quien hace tambalear al gobierno Temer. Lo hace, además, de forma “express” y supuestamente con pruebas flagrantes hasta ahora inéditas en la operación 'Lava Jato', que investiga la corrupción en Petrobras.
El empresario de Formosa (Goiás, centro), de cuidada media melena castaña y mirada desafiante, decidió hacer su declaración “premiada” en abril, mientras los fiscales del Lava Jato iban acorralando cada vez más sus negocios.
Las investigaciones sobre sus empresas empezaron en julio de 2016, cuando los fiscales trataron de averiguar si Batista pagó sobornos para la liberación de recursos mediante fraudes a fondos de inversión, en un caso que lo relacionaba con el ex diputado Cunha.
La fiscalía general llegó a pedir en febrero su renuncia al frente de J&F y el bloqueo de bienes al 66º hombre más rico de Brasil, con una fortuna estimada unos U$S 890 millones, según la revista Forbes.
Pero firme, y asegurando que J&F “no hizo nada mal”, Batista fue sobreviviendo a las tempestades. Una de las peores fue cuando, en marzo, JBS se vio envuelto en la llamada operación “carne débil”.
Su firma fue acusada junto a otros frigoríficos de pagar sobornos a funcionarios para autorizar la venta de carne adulterada y el uso de ácidos y sustancias supuestamente cancerígenas para camuflar cortes vencidos o en mal estado, generando una crisis monumental en el sector.
La bomba que tiene en vilo a Brasil estalló con Joesley de viaje. Según la prensa, sólo volverá para declarar ante la policía el lunes, cuando probablemente ya se sepa si “todo el mundo” cayó o no, como él advirtió.