Produce uvas en su propiedad ubicada en El Plumero, Lavalle. Tiene un total de 9,5 hectáreas: una de torrontés riojano, un cuarto de tempranilla y el resto criolla. Destina una pequeña parte de cada vendimia a la elaboración de vinos caseros.
Produce uvas en su propiedad ubicada en El Plumero, Lavalle. Tiene un total de 9,5 hectáreas: una de torrontés riojano, un cuarto de tempranilla y el resto criolla. Destina una pequeña parte de cada vendimia a la elaboración de vinos caseros.
Gustavo Rivero, quien preside la Asociación de Elaboradores de Vinos Caseros de Lavalle, repasa las principales preocupaciones del sector y revela una preocupante caída en las ventas.
-¿Cuál es la situación, hoy, de los elaboradores de vinos caseros de la zona?
-Está complicada, como toda la vitivinicultura. El problema es que los precios son bajos, los precios de los insumos siguen subiendo, y últimamente hay mucha gente que se ha volcado a la elaboración de vino, y la competencia es grande.
Además, hay bodegas que se han volcado al mercado local y hay una sobreoferta, y con la situación como está, la gente prefiere comprar algo para comer que comprar vino.
-Esto se complica más, entonces, por la franja del mercado donde comercializan los elaboradores más chicos…
-Claro, puede haber alguno que tenga clientes de alto poder adquisitivo, pero nuestro producto, generalmente, va a la mesa de gente de trabajo. Los organizadores de eventos nos compran también; llevamos a las ferias de productos artesanales.
A veces, en la Asociación, organizamos alguna venta en conjunto. Ahora estamos por vender a negocios minoristas de Buenos Aires.
-¿Qué parte de su producción de uvas destina a la elaboración de vino casero?
-Toda la tempranilla y tres hileras de torrontés. El resto lo llevo todo a la Cooperativa Altas Cumbres (que está asociada a Fecovita). Es que la normativa vigente pone límites al volumen que puedo elaborar como vino casero.
No podemos hacer más de 4.000 litros por año, que serían 5.000 botellas. La mayoría estamos haciendo alrededor de 2.000 botellas. Ahora muchos están fraccionando en damajuanas.
-Se supone que le saca algunos pesos más a la uva con la que elabora su vino…
-Sí, totalmente. Hoy estoy vendiendo una botella con 3/4 litros de vino casero, a 25 pesos. Como mínimo, a razón de 20 pesos la botella; y en la cooperativa me pagan 2,60 el litro.
Si a esos 20 pesos les resto el costo del vino, como si yo mismo me lo comprara al precio que me paga la cooperativa, y le resto también el costo de la botella, del corcho, de la etiqueta y de mi trabajo de elaboración, me están quedando entre 7 y 8 pesos libres. ¡Son como ocho veces más! Aparte, está el problema del rendimiento.
En la bodega me dan entre 62 a 65 litros por cada 100 kilos de uva y, por lo que tengo entendido, todas las bodegas lo llevan al máximo que pueden hacer, y eso son 80 litros.
-¿Usan la estructura de la Asociación para comprar insumos en conjunto?
-Algunos insumos, no todos. Compramos botellas, corchos, cápsulas, algún insumo necesario para el proceso de elaboración en sí. Esto nos permite reducir bastante los costos.
Se nota mucho en las cajas. Comprando en cantidad, el precio unitario puede bajar hasta un 40%, comparado con lo que tendríamos que pagar si lleváramos 10, 15, 20 o 100. Si compramos unas 2.000 cajas, por ejemplo, nos hacen casi el mismo precio que a las bodegas.
-¿Qué necesitaría resolver el sector de vinos caseros para poder acomodarse un poco mejor?
-Un problema que tenemos es que a veces es difícil conseguir algunos insumos. La botella, por ejemplo, cuesta muchísimo conseguirla. A nosotros nos cuesta, inclusive cuando intentamos comprar en conjunto. Porque si uno va a comprar botellas nuevas, la fábrica no le vende por menos de 5 pallets, creo que van más 1.370 botellas en cada uno.
Entonces tenemos que juntarnos varios productores, hacer toda la logística. Por eso cuando podemos, nos juntamos 4, 5, 6, 10, y cada uno compra lo que necesita, o lo que puede: medio pallet; un piso; dos pisos o tres; a veces uno compra un pallet entero. Así vamos sumando hasta llegar a los cinco pallet.
-¿Notan que haya variado el nivel consumo de vinos?
-Sí, han caído las ventas. Hace como un año que vienen cayendo. A partir de enero-febrero de este año se empezó a sentir más y se van notando mes a mes. En mi caso, durante el último año, la venta de vino casero ha caído alrededor del 20%.
-¿Cómo ve el escenario de la actividad hacia adelante? ¿Van a mantener los planes de elaboración?
-Este año voy a producir menos vino casero, sólo lo que vea que vaya a tener salida. Tendré que hacer una estimación de lo que voy a vender. Si puedo defenderé un poco el precio, y si no lo venderé igual. Porque no me gusta que me quede vino de un año para otro.
El año pasado me quedó muy poquito; pero este año estoy viendo que me va a quedar bastante, alrededor del 50%. Es que siempre hago un poco más, por si llego a tener algún inconveniente que me impida elaborar al año siguiente.
Pero me quedó demasiado, ¡y eso que mucha gente no hizo vino! por los problemas de calidad que tuvimos con la uva. Esta vez voy a ajustarme un poco y dedicar el tiempo a otra cosa.
Por simple problema de escala ven dificultado el acceso a los insumos básicos
Hay un problema de escala -y, consecuentemente, de capacidad financiera- que es difícil de resolver para los elaboradores de vino casero y que impacta directamente en sus posibilidades de proveerse de insumos imprescindibles.
El presidente de la Asociación que los nuclea en el departamento Lavalle, ratificó que “no tenemos capacidad para stockearnos. “No podemos comprar 1.000 cajas y hacer imprimir 5.000 etiquetas”, dijo Gustavo Rivero.
Y agregó: “A veces sale una venta, pero uno se quedó sin etiquetas o sin botellas por ejemplo. Estamos preparando un proyecto para gestionar con el Gobierno un fondo rotatorio para poder comprar una cierta cantidad de botellas y que hemos trabajado de esa manera con la compra de corchos”.
En ese sentido, ejemplificó que “la Asociación compra 2.000 corchos, por ejemplo, y cuando viene un productor que necesita 100, 50, 300, o lo que sea, se le vende y con la plata que se junta se hace una nueva compra”.
El elaborador lavallino reconoció, por otra parte, que “después de cada elaboración, yo tengo el vino en bidones de plástico pero lo ideal sería envasarlo apenas esté listo, ponerle el corcho y guardarlo en un sótano, en algún lugar donde se conserve.
Eso ayudaría a mejorar en calidad y se podría guardar inclusive, 3 o 4 años, pero ahora, las últimas botellas que salen del bidón, ya no salen con la misma calidad, porque siempre queda una camarita de aire”.