5 de diciembre de 2014 - 00:00

¿El Mercosur benefició al vino?

En la búsqueda de una teoría alternativa a la de las ventajas comparativas, término que en la literatura económica clásica se asocia con la dotación de recursos naturales con que cuenta un país, Michael Porter postula un enfoque mas dinámico para explicar el flujo de bienes entre países y para diferenciarlo del anterior, lo redefinió como ventajas competitivas.

Estas últimas derivan del concepto de competitividad, que en la práctica está determinada por la habilidad de una empresa, sector o país para conseguir una cuota de participación del mercado.

Esta nueva interpretación acerca de la causalidad del flujo de bienes entre los países ganó rápidamente múltiples adhesiones en el mundo de los negocios, por ser de gran utilidad al momento de definir estrategias empresarias y sectoriales relacionadas con el comercio internacional.

Sin embargo, debemos reconocer que cuando el concepto de competitividad es llevado al extremo de ser tomado como un fin en sí mismo, corremos el riesgo de entrar en colisión con el objetivo central de cualquier empresa, que es la rentabilidad de la misma.

Con el avance de la globalización del negocio del vino, se ha hecho habitual la discusión del tema de la competitividad relativa de la empresa o del sector vitivinícola con respecto al resto de los sectores de la economía o frente al mismo sector de un país competidor, como podría ser el caso de Chile.

En las actuales condiciones en las que se desempeña la vitivinicultura argentina, las empresas exportadoras han perdido competitividad no sólo por causas atribuibles a la macroeconomía o al enrarecimiento del clima general de negocios, sino también en buena medida a aquellas vinculadas con la falta de rentabilidad de toda la cadena, y en especial del eslabón de la producción, consecuencia de las fallas estructurales de un mercado imperfecto, sobreabastecido y con fuertes asimetrías en la negociación de los precios.

A partir de esta descripción general definiremos el concepto de competitividad arancelaria para referirnos al impacto que sobre las ventajas comparativas naturales de la vitivinicultura argentina tuvo la decisión estratégica de inserción internacional como fue la de integrarnos a un bloque de países como el Mercosur.

A manera de síntesis podemos hacer un balance de las ventajas y desventajas que dicho proceso de integración regional trajo aparejado para nuestra vitivinicultura. La formación de un mercado común provoca dos tipos de consecuencias sobre el comercio exterior.

Por un lado, hay un impacto de “creación de comercio” que tiene que ver con el hecho de que a ambos lados de la frontera entre dos países miembros se sustituirá parte de la producción local, que será reemplazada por el flujo de bienes intercambiados dentro de la nueva unión aduanera.

Por otra parte, habrá un “desvío de comercio”, consecuencia del arancel externo común, que implicará que parte del intercambio comercial que teníamos con el resto del mundo se desplace a favor de un país socio.

Este balance entre los pros y las contras de la integración regional no sería demasiado difícil de realizar si no existieran conflictos de intereses tanto entre los mismos sectores productivos dentro del mismo bloque o entre el conjunto de países del bloque y el resto del mundo.

Para aclarar esta situación analizaremos el impacto del Mercosur sobre la exportación de vinos argentinos. Tomando en consideración los argumentos de la creación y del desvío de comercio, nuestras exportaciones al bloque se verían doblemente favorecidas.

Por un lado, el consumidor brasileño pagará un precio menor por el vino argentino por estar exento del pago del derecho de importación (creación de comercio) y por otra parte, los exportadores argentinos se beneficiarán porque todos los vinos del resto del mundo, y en especial los portugueses y chilenos, se encarecerán porque sus importaciones estarán gravadas por el pago del arancel externo común.

Con el correr del tiempo, y fundamentalmente por razones geopolíticas, el bloque decide la conveniencia de incorporar a otros países latinoamericanos en calidad de Estados asociados al Mercosur. La incorporación de Chile, sin lugar a dudas, cambia el resultado del balance original que tanto favorecía a nuestra vitivinicultura.

Otro caso de interés es el de México, tanto por el tamaño del mercado como por sus preferencias por nuestros vinos. Aquí cabe formularse la siguiente pregunta ¿Existe alguna duda de que México compraría mucho más vinos argentinos si se les ampliasen las posibilidades de vender una mayor cuota de autos en nuestro país y en el ámbito del Mercosur? Es obvio que la respuesta a esta pregunta no es fácil, ni tampoco lineal debido a que una mayor apertura del sector automotor tiene implicancias tanto para Argentina como para Brasil, que exceden el interés nacional dado el carácter estratégico que la política de integración de la industria automotriz tiene por tratarse de uno de los pilares socioeconómicos más gravitantes para la consolidación del Mercosur.

No debemos perder de vista la importancia de la eliminación de las barreras al comercio para que las empresas, y quienes ostentan la propiedad de los factores productivos, aprovechen a pleno este “método indirecto de producción”.

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