19 de agosto de 2018 - 00:00

Ya nunca me verás como me vieras - Por Maxi Salgado

El tenis archivó su tradicionalismo, último bastión de los románticos del deporte.

El final del romanticismo. Con la aceptación del cambio de formato de la Copa Davis, el tenis, último bastión de los tradicionalistas, terminó sucumbiendo ante el espectáculo. El deporte ya no tiene esa armadura que lo protegía de los embates del Good Show.

Desde que el voleibol había modificado su puntuación para poder ser atractivo en términos televisivos, el tenis había sido acosado para que entrara por la variante, pero venía resistiendo. Los partidos pueden durar cinco o seis horas y la gente los sigue viendo. La Copa Davis era ese lugar en el que la gente se ponía la camiseta y tenía la posibilidad de ver a sus ídolos en vivo y en directo. No hacía falta viajar a lugares determinados por el negocio. Esos fin de semana de empachos tenísticos ya no estarán más.

La Davis tenía además los ingredientes de que no había un sorteo que determinará una localía ( era democrática en eso: si una vez fuiste local frente a un rival, el próximo eras visitante) y la decisión de cada uno de elegir su superficie favorita.

Ahora todos jugarán en el mismo piso, algo que en el tenis no es un dato menor y que hará que unos países sean más candidatos que otros. Principalmente porque el hecho de que las etapas estaban divididas a lo largo de la temporada hacía que los jugadores pudieran llegar en distintos momentos deportivos de una serie a otra.

Así, por ejemplo, Argentina pasó de ser campeón a descender en menos de un año.

Todo esto se pierde frente al poder de una suculenta oferta monetaria. Y uno puede entender que es lógico. Pero no menos doloroso.

El deporte ha perdido su batalla y definitivamente pasó a ser un espectáculo. Así lo entienden, por ejemplo, los españoles, que salen a conquistar mercados.

A la noticia de que, vía Facebook, se podría ver los partidos de la Liga en África (lo mismo pasará con la Champions en Latinoamérica), ahora se conoció que al menos un partido del torneo ibérico se jugará en tierra norteamericana. Más precisamente en Estados Unidos y Canadá y por un lapso de 15 años.

Y más allá de que los jugadores han puesto el grito en el cielo, las ganancias se terminan imponiendo.

El dinero se ha convertido así en el amo y señor de las actividades. Al menos, todavía parece no manejar los resultados, o casi. En ese aspecto el tenis también ha sido un ejemplo castigando a aquellos sospechados de tratar de sacar ganancias de las casas de apuestas. Ojalá esas cosas no se pierdan.

Cómo alguna vez el olimpismo dejó de lado el amateurismo, el deporte blanco ha comenzado a perder su pulcritud. "Es la salida para dar desarrollo a los chicos", aseguró la Asociación Argentina de Tenis, que fue una de las defensoras del cambio. Sólo si eso se concreta habrá  que darles la razón y guardar los viejos tiempos en el arcón de las recuerdos. El deporte está dejando de ser lo que era. Ya solo no se juega por la camiseta, ahora tampoco por el hambre de gloria.

LAS MAS LEIDAS