La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil abre una nueva etapa de gobierno atravesada por un desafío deportivo de alcance internacional: la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2027. El torneo se disputará entre el 24 de junio y el 25 de julio y será el primero de esta categoría organizado en Sudamérica.
Lula obtuvo el 51,79% de los votos válidos en la segunda vuelta del 25 de octubre, frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, según los resultados anunciados por el Tribunal Superior Electoral. La competencia futbolística formará parte de la agenda del nuevo mandato, aunque el resultado electoral, por sí solo, no garantiza la concreción de las inversiones ni el cumplimiento de los objetivos deportivos.
Una oportunidad para el fútbol femenino
El Mundial tendrá como sedes a Belo Horizonte, Brasilia, Fortaleza, Porto Alegre, Recife, Río de Janeiro, Salvador y São Paulo. La FIFA confirmó que participarán 32 selecciones y que el calendario se extenderá durante poco más de un mes. La organización representa una oportunidad para proyectar el fútbol femenino y movilizar actividades vinculadas con el turismo y los servicios en distintas regiones del país.
El estadio Maracaná, uno de los grandes íconos deportivos de Brasil, será uno de los escenarios de la competencia.
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La preparación no se limita a los estadios. Según el Ministerio de Deportes de Brasil, también involucra infraestructura, movilidad, seguridad, turismo, servicios y coordinación entre las ciudades anfitrionas. En agosto de 2026, el Gobierno sancionó una ley complementaria que habilita un tratamiento tributario específico para medidas relacionadas con la realización del torneo. La norma constituye una herramienta legal para la organización, pero no equivale por sí misma a una garantía de inversión en cada área.
Del compromiso político al legado deportivo
El deporte ocupa un lugar explícito en el programa de gobierno presentado por Lula para el nuevo período. Entre sus líneas de acción figuran la continuidad de políticas públicas, la infraestructura deportiva mediante el Nuevo Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) y el reconocimiento del potencial económico, cultural y turístico del sector. El documento también plantea el Mundial femenino como una oportunidad para impulsar inversiones en las ocho ciudades sede.
A esa agenda se suma un cambio normativo. En septiembre de 2026, Lula promulgó la Ley 15.522, que establece directrices para el desarrollo del fútbol femenino. Incluye medidas para favorecer la profesionalización, promover condiciones laborales más equitativas, proteger la maternidad y combatir la discriminación y la violencia. También contempla el fortalecimiento de la formación de jugadoras y una mayor participación de mujeres en funciones técnicas, arbitrales y de gestión.
El seleccionado femenino de Brasil será uno de los grandes candidatos para el Mundial 2027.
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La legislación prevé, además, elaborar y evaluar un plan de legado social, deportivo y financiero del Mundial. Ese punto será central para medir el impacto de la competencia más allá de la final: si contribuye a mejorar las condiciones de las futbolistas, ampliar las oportunidades para niñas y jóvenes y consolidar estructuras profesionales sostenibles.
Con el torneo a pocos meses del inicio del nuevo mandato, el principal desafío será pasar de los anuncios y las normas a resultados verificables. El Mundial ofrecerá a Brasil una vidriera internacional; su legado dependerá de cómo se administren los recursos, se coordinen los distintos niveles del Estado y se sostengan las políticas para el fútbol femenino después de 2027.