Vitivinicultura: para sostener el consumo, analizan acuerdos de precios sugeridos

El Gobierno estudia un posible marco legal para frenar la inflación en góndolas, con aval de la Secretaría de Comercio. Analizan la experiencia de Fecovita, que renovó un pacto trimestral con sus clientes y logró repuntar ventas. Las bodegas lo condiciona

Así como empezó el supermercadismo con acciones para mantener los precios, en la vitivinicultura ya avanzan en igual sentido. De hecho, a partir de la iniciativa de una bodega con predicamento en el segmento de consumo masivo como Fecovita, ahora el Gobierno estudia un posible acuerdo de aplicación general entre las bodegas, y quizás ley que lo respalde con aval de la Secretaría de Comercio.

Entre el sector industrial y el Gobierno coinciden en considerarlo un recurso en tiempos de caída del consumo aunque lo condicionan a determinados factores. Es que las pobres cosechas de los dos últimos años, agudizada por las cada vez más frecuentes subas de insumos, empezó a impactar cada vez más fuerte con cambios de listas al público, que en lo que va de 2017 y en ciertos casos ya superaron a la inflación.

"Se necesita consenso, trabajar la idea pero es una buena alternativa. Hay que darle tiempo", aseguró Alfredo Aciar, jefe de Gabinete del Ministerio de Economía y referente en temas vitivinícolas del Ejecutivo provincial.

Aciar y su equipo avanzan en un borrador del proyecto, que necesita un aval definitivo de la Secretaría de Comercio Interior. De acuerdo al funcionario, "está en línea con los modelos sectoriales que lleva adelante la Nación, pero requiere una ley nacional".

Lo cierto es que el acuerdo entre la bodega de Maipú y puntos de venta es trimestral, voluntario y renovable. De hecho, Fecovita acaba de extenderlo por segundo trimestre consecutivo y quiere seguir si se dan ciertas condiciones.

El gerente general, Juan Ángel Rodríguez, aclara que son acuerdos de palabra con distribuidores y un buen número de minoristas. Argumenta que "la industria tiene costos y los puntos de venta también, por eso consensuamos cuidar al consumidor de vinos masivos, sobre todo. Además de hacer economía de escala en costos, es preferible vender mucho resignando márgenes, que vender poco y ganar más".

El caso testigo se apoya en algunos resultados: por ejemplo, el legendario Toro, en su versión tetra, bajó de $ 50 a $ 39 a raíz de la primera versión del pacto entre la bodega y puntos de venta. Parte del convenio es que en el canal no supere un techo de $ 41, que aún así parece relativo.
 

Ecos de la estrategia 

De algún modo, la intención oficial toma algunas pautas del modelo de “precios sugeridos” para el segmento masivo de Fecovita con sus clientes: en el Gobierno lo toman como referencia para ampliar su alcance al resto de la industria y el eslabón comercial, para mantener los valores al público hasta fin de año. Pero a diferencia del voluntarismo, busca los resortes necesarios para hacerlo obligatorio y general.

Por eso, la pregunta es ¿qué hace la bodega si algún cliente se arrepiente y quiere despegarse? “Nuestro equipo de ventas trabaja mucho para convencerlos, con apoyo en promoción y comunicación. Aunque no es fácil, un lento recupero de ventas nos da la razón”, dice Rodríguez.

La publicidad masiva es uno de los medios elegidos para comunicar el precio sugerido, y así dejar claro que el resto es margen del comercio. Sin contar la estrategia incipiente de Carrefour, que entre el listado de 1.300 productos que se comprometió a no aumentar hasta fin de año incluyó varias de sus marcas, Fecovita acredita un logro que muchos envidiarían: un crecimiento del 3% en sus ventas.

Pero no todos comparten la estrategia. Por su parte, Arnaldo Gometz, gerente comercial del grupo Catena (que a través de bodegas Esmeralda es uno de los grandes tenedores de volúmenes) relativiza sus alcances y los acota a ciertas franjas de precio.

La firma aplicó un ajuste del 8% en mayo “y seguramente enfrentaremos otro, porque si bien es cierto que el consumo está restringido la realidad es que los costos no dan”. advierte el ejecutivo, que evita hablar de un límite general.

"Por ahora se desconoce cuándo las cosas dejarán de subir, pero vamos viendo caso por caso. Se ve muy difícil un acuerdo por costos en dólares y cosecha. Hay variables que tienen mucha incidencia en ciertos segmentos de precio", advierte. 
Costos y competitividad, los condicionantes

Esa inestabilidad explica la coyuntura con una caída del 8% en los despachos al consumo en 2016, y 6% en el transcurso de 2017. Al analizar el contexto, Juan Carlos Pina, de Bodegas de Argentina, en cierto modo deslinda responsabilidad del panorama a las bodegas.

Para Pina, más allá de la macroeconomía y una cosecha pobre que impactó en los costos, hubo un "traslado parcial" a los precios al público. "La respuesta de los consumidores ha sido el parámetro, con quejas crecientes por las subas. Por eso no creo en actualizaciones tan alegres, en un mercado en donde, como con las promociones 3x2, ciertas bodegas aceptan condiciones y otras no", esgrime el directivo.

Ni remotamente asociable a los acuerdos de precios en tiempos de Guillermo Moreno, en que las empresas debían autorizar sus listas, el interrogante surge por sí mismo: si, más allá del voluntarismo de las partes, llega el tiempo de un acuerdo formal y, con él, cabrá o no controles de cumplimiento. Y si es viable en un contexto de volatilidad en los costos.

Según Gometz, de Catena, “antes de convenir precios habrá que definir un acuerdo de costos general. De lo contrario, pactar valores al público sería una fantasía”.

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