La serie de violentos ataques que golpea a San Pablo, capital económica de Brasil, se extendió al estado de Santa Catarina, donde 17 autobuses fueron incendiados, dos personas heridas y seis sedes oficiales baleadas desde el inicio de semana, dijo una fuente policial.
Las autoridades investigan la posible conexión entre las acciones contra la policía y el servicio de transporte público que golpean a San Pablo y Florianópolis, capital de Santa Catarina, señaló el mayor Alessandro Marques, portavoz de la Policía Militar, ayer.
Los ataques son atribuidos a grupos criminales que actúan desde las cárceles y que estarían cobrando venganza por operativos antidrogas o el endurecimiento de las condiciones carcelarias.
A más de 700 km de San Pablo, donde se duplicaron los homicidios en los dos últimos meses, Florianópolis y varios municipios aledaños soportan una cadena de ataques que dejan 17 autobuses destruidos. “Los delincuentes obligan a descender a los pasajeros para luego prender fuego a los vehículos o en otros casos les prenden fuego en zonas apartadas, cuando ya no llevan pasajeros”, explicó el oficial.
Dos personas han resultado heridas y cinco puestos policiales y una sede de gobierno fueron tiroteados en los últimos cuatro días. Asimismo, dos patrullas y ocho automóviles fueron atacados, según el mayor Marques.
A raíz de los ataques, las empresas de transporte público suspendieron temporalmente el servicio la noche del miércoles y lo reanudaron después de acordar con la policía una serie de medidas que incluye escolta policial en las zonas más críticas, indicó.
Las autoridades reforzaron la vigilancia y capturaron a 30 personas presuntamente implicadas en la ola de violencia.