15 de marzo de 2014 - 22:27

Una vieja pulseada entre las potencias

Crimea, el balneario preferido de los jerarcas soviéticos y escenario de uno de los mayores acuerdos mundiales del siglo XX, es una espina clavada tanto en el corazón de Ucrania como de Rusia.

Se trata de 26.000 kilómetros cuadrados -1.750 menos que Haití- de tierra, casi completamente rodeados por los mares Negro y de Azov y sólo unida a Ucrania por un istmo de 8 km de ancho cuyos dos millones de habitantes son en su mayoría (más del 60%) de origen ruso.

Formalmente constituida como la única república autónoma de Ucrania, los crimeos decidirán hoy en las urnas si se independizan para luego volver al seno de la Federación Rusa.

La disputa por Crimea, donde Joseph Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial e iniciaron la Guerra Fría, data desde hace siglos.

Su importancia estratégica hizo que estallaran encarnizadas guerras. La más famosa de ellas se desató después de que la península se integrara al Imperio Ruso (1783), en la que éste se enfrentó a una coalición formada por británicos, franceses, turcos, otomanos y piamonteses.

En la actualidad, Crimea, cuyas costas disfrutan un clima similar a la Costa Azul y el consecuente turismo, presenta dos claros atractivos para las partes en pugna.

Uno de ellos es económico. La aún eventual independencia de Crimea significaría para Ucrania la pérdida de grandes reservas de gas.

Se estima que la península produciría en 2017 unos 10.000 millones de metros cúbicos de gas, cifra poco relevante para Rusia pero que reduciría significativamente la dependencia actual de Kiev con Moscú.

Pero el mayor interés se centra en el puerto de Sabastopol, donde está la principal base de la flota rusa en el Mar Negro, apoyada por una fuerte identidad rusa de los habitantes de esta ciudad considerada su capital histórica.

Además de medio centenar de buques de guerra -acorazados, fragatas, submarinos y dragaminas- y casi un centenar de aviones, esta estratégica base alimenta a 18.500 personas, entre militares, técnicos y familiares, que están totalmente integrados a la vida de Sebastopol.

Para colmo de males, el tratado por el cual Rusia utiliza esa base vence en 2024, diez años que no significan mucho en términos de geopolítica y estrategia.

República autónoma desde 1917

Precisamente, estos estrechos vínculos con Rusia y la consecuente desconfianza occidental son los que han signado los vaivenes políticos de la península.

Con el nacimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Crimea se convirtió en una república autónoma dentro de la URSS hasta que fue invadida por los alemanes en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando Moscú la liberó del nazismo a finales de la guerra, Stalin se mostró implacable ante las administraciones que habían colaborado con Hitler y la convirtió en 1954 en una región de la República Socialista Soviética de Ucrania.

Pero la desintegración de la URSS, a principios de los años 90 del siglo XX, reavivó la antigua pugna entre Moscú y Kiev.

Pese a que el Parlamento ruso decidió en 1992 anular la cesión a Ucrania de Crimea en 1984, Kiev desconoció la medida y mantuvo la península bajo su control administrativo.

Dos años después, cuando se celebraron sus primeras elecciones presidenciales, el electo Yuri Meshkov apoyó públicamente la reunificación con Rusia y favoreció la adhesión a Moscú. Ese mismo año, el Parlamento de Crimea votó mayoritariamente a favor de restaurar Constitución de 1992, medida que casi de inmediato fue anulada por la Justicia de Ucrania.

La pulseada entre el gobierno de Kiev y de Crimea terminó desembocando en una medida drástica: la abolición en 1995 de la presidencia de Crimea, lo que subordinó la región bajo el gobierno central ucraniano.

Desde ese momento, cualquier intento secesionista quedó legalmente anulado por disposición del entonces presidente de Ucrania, Leonid Kuchma.

Incluso, la Constitución de junio de 1996 que dotó a la región de cierta autonomía, impide explícitamente -al menos hasta el domingo- cualquier legislación que atente contra la soberanía de Ucrania.

LAS MAS LEIDAS