Las diferentes etapas del ascenso político de François Hollande, desde la época en que estudiaba en la Escuela Nacional de Administración (ENA) hasta la presidencia de Francia, han estado ligadas a historias de amor, pese a su decidida voluntad de separar vida privada y vida pública.
De su unión durante 25 años con su ex compañera Segolene Royal, madre de sus cuatro hijos, candidata a la presidencia en 2007, hasta su presunta relación con la actriz Julie Gayet, lo cual ha provocado la hospitalización de la primera dama, Valérie Trierweiler, su vida sentimental no ha cesado de enredarse con la política.
A los 59 años Hollande aparecía en la prensa, y a ojos de la opinión pública, como la antítesis del seductor.
Le han endilgado apodos poco halagadores que aluden a su supuesto aspecto físico blando y sin carisma: “Flanby” (un flan), “Memo el conquistador”, “Gordinflón”.
Su “normalidad”, leitmotiv de su campaña presidencial, y su deseo de discreción para tratar de evitar que la eficacia de su discurso público se viese afectada, no ha resistido a sus encuentros con mujeres de carácter.