Un proyecto coordinado desde el Instituto Multidisciplinario de Energía de la UNCuyo busca acercar a los productores mendocinos un método efectivo de contingencia anti heladas, aprovechando la glicerina cruda como producto alternativo de fuente renovable a fin de disminuir el uso de los combustibles fósiles actualmente utilizados.
La producción de glicerina cruda se ha visto incrementada en el último período debido al crecimiento de la producción de biodiésel. Se trata de un combustible de bajo costo que además genera menor cantidad de emisiones (hidrocarburos no quemados, monóxido de carbono y material particulado), eliminándose totalmente las emanaciones de azufre y sus derivados.
Según destacaron desde la universidad, la glicerina cruda como combustible primario -un subproducto del biodiésel- presenta ciertos inconvenientes, como son su bajo poder calorífico, elevada viscosidad y la formación de gases tóxicos como la acroleína. Estos vapores se producen al quemar la glicerina a entre 200 y 300º C.
Es por esta razón que se procede a mezclar la acroleína con biodiésel y un pequeño porcentaje de trietanolamina como emulsionante. La mezcla genera una temperatura de llama superior a 650ºC, lo que garantiza una descomposición de los compuestos tóxicos, convirtiendo al combustible en una alternativa viable.
Al mezclar la glicerina con un combustible que disminuye su viscosidad y aumenta su poder calorífico, se eliminan los inconvenientes antes mencionados.
"Se plantea una mezcla de glicerina y biodiésel, al 50%, como combustible. El costo del biodiésel depende de diversos factores pero puede tomarse un valor promedio de $ 5/litro, mientras que la glicerina no tiene costo si se lo considera como un residuo, por ello puede observarse que es conveniente económicamente a la hora de implementarlo, si se lo compara con el uso de gasoil", dijo a Los Andes Natalia Spano, coordinadora del Programa de Biocombustibles del Instituto de Energía de la UNCuyo.
La quema de la mezcla propuesta se realiza en quemadores convencionales. Éstos son contenedores cilíndricos que disponen de una chimenea en la cual se realiza una gasificación y recirculación de gases de combustión, lo que garantiza una combustión completa. Es por esto que se disminuye también la generación de gases de efecto invernadero.
El proceso ensayado por los profesionales del Instituto de la Energía de la UNCuyo indica que la glicerina cumple con los requerimientos agrícolas en cuanto al aumento de la temperatura para evitar las heladas de los frutales. Por otro lado, se trata de un producto económico porque su nivel de consumo es similar al del gasoil.
En cuanto a su impacto ambiental, las mediciones realizadas tanto en laboratorio como en el campo muestran que los posibles compuestos tóxicos provenientes de la quema de glicerina pura se descomponen con las temperaturas alcanzadas en el quemador, garantizando la inocuidad de los gases de combustión tanto para las plantas como para las poblaciones cercanas.
“Tanto la glicerina como el biodiésel producen menor cantidad de emisiones y menos tóxicas durante su combustión que los combustibles derivados del petróleo, y mucho menos aún si se lo compara con la quema de aceites minerales o cubiertas.
La mezcla propuesta trabaja con ciclo cerrado de carbono, es decir que no aporta más gases de efecto invernadero que los que produciría durante su descomposición natural”, sostuvo la investigadora.