27 de abril de 2014 - 23:03

"Una emoción y una alegría que nunca olvidaremos”

La canonización de los Papas Juan Pablo II y Juan XXIII fue una experiencia que quedará para siempre en mi memoria y en mi corazón.

Alrededor de las 20 hs de la noche del sábado nos acercamos con mi esposa al ingreso oficial de la calle San Pío X para ir ganando lugar y tratar de entrar hasta la plaza de San Pedro.

Juntos pasamos la noche aguardando la apertura de la valla y ya había muchísima gente. Pudimos conversar con algunos jóvenes de España y otros de Argentina.

Se escuchaban cantos, jóvenes rezando el rosario, personas que conversaban contentas y expectantes por ingresar.

A la una de la mañana abrieron las vallas y con la marea inmensa de gente que nos desbordó logramos ubicarnos cerca de la tercera pantalla, donde veíamos de frente a la basílica de San Pedro y de costado a la embajada argentina.

Al inicio de la ceremonia, a las 9.40 local entró el Papa emérito Benedicto XVI y la gente lo recibió con muchos aplausos, hubo hasta gritos de ¡viva el Papa.

A las 10.08 hs llegó uno de los momentos más emotivos: el saludo del Papa Francisco a Benedicto. Ya todas las horas de espera estaban justificadas por ese abrazo tan sentido y celebrado por la gente.

Finalmente el momento de mayor intensidad llegó cuando el Papa Francisco respondiendo al pedido del cardenal Amato, pronunció la fórmula de canonización: apenas nombró a los nuevos santos fue interrumpido por el largo y caluroso aplauso de la multitud con gritos, saludos y cantos polacos espontáneos.

Logré ver cómo en el canto del Gloria, un policía de la guardia vaticana no podía contener la emoción y lloraba, seguramente conoció y protegió a Juan Pablo II en los operativos de seguridad en la plaza de San Pedro. Finalmente su Papa era un santo.

Algunas impresiones de los pocos argentinos que logré ver: Mercedes Cabrignac, mendocina, me decía que un momento muy emotivo para ella fue el saludo entre Francisco y el Papa emérito Benedicto XVI, donde veía que la actitud que tenían ambos era la de “desaparecer” y así permitir que Jesús fuera el verdadero protagonista de la ceremonia y no ellos dos.

Mariana Puebla, otra mendocina, que participó desde la plaza de la Basílica Santa María la Mayor, donde se instaló una pantalla gigante, por la enorme multitud que había, me contó que el momento que más la emocionó sucedió cuando la pantalla, que transmitía desde San Pedro, mostró el inicio de la comunión y en ese mismo momento aparecieron, en la plaza de Santa María donde ella estaba, varios sacerdotes para distribuir la eucaristía, algunos incluso salieron hacia afuera de la misma plaza. Para Mariana era la comunión que partía desde San Pedro y que llegaba hasta ella.

Sofía Trucco, pampeana, me compartió que el momento más emotivo de la celebración para ella fue cuando el Papa Francisco finalizando la misa se acercó a rezar a la Virgen, me decía “este es el momento para rezar por toda mi familia de Argentina, mis anhelos, pedir por el mundo, por este Papa, ahí tomé conciencia de que estaba viviendo un momento histórico con estos dos grandes referentes que son Juan Pablo II y Juan XXIII”.

Nerina Barberis, cordobesa, me compartía que Juan Pablo II había estado siempre muy presente en su vida y que venía a San Pedro a agradecer los favores recibidos y antes del inicio de la misa estaba ya muy emocionada por el espectáculo de la gente allí reunida y la fe que se transmitía en los rostros de los jóvenes. Decía que el mismo Papa la ayudó a venir porque rezándole obtuvo el regalo de una persona que la ayudó con el dinero que necesitaba para viajar a Roma.

Volvimos a casa muy contentos, estos nuevos Papas santos nos acompañarán en la vida con su cercanía y nos enseñarán el camino para ponernos al servicio de la humanidad.

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