Ambulancias y camiones de bomberos de los servicios de emergencia de Gaza se concentraron en la entrada del barrio de Shejaiya, a la espera de una tregua humanitaria entre Israel y el movimiento palestino Hamas.
Ambulancias y camiones de bomberos de los servicios de emergencia de Gaza se concentraron en la entrada del barrio de Shejaiya, a la espera de una tregua humanitaria entre Israel y el movimiento palestino Hamas.
El anuncio llegó a las 7.30 de Argentina: dos horas de alto el fuego para retirar a los muertos y heridos y evacuar a los aterrorizados habitantes que permanecían en esta periferia de la ciudad de Gaza (norte de la Franja), tras una noche de incesantes ataques israelíes.
Se formó un convoy de vehículos que avanzaron lentamente dentro del distrito, con el ruido de los bombardeos todavía sonando en el aire.
Les esperaba un panorama de absoluta devastación: edificios enteros derruidos, un inmueble de varios pisos todavía en llamas, una sandalia violeta de niña y una zapatilla azul de niño que sobresalían entre los escombros.
Había cadáveres esparcidos en las calles, algunos carbonizados, imposibles de identificar, otros sin extremidades.
Los órganos internos de color amarillo contrastaban con el resto del cuerpo chamuscado de un hombre que yacía con una bata puesta.
Los muertos eran jóvenes y viejos y entre ellos los cuerpos de varios niños eran recuperados por socorristas conmocionados.
También hallaron los restos de una de sus ambulancias, con sus ventanas reventadas. Desconocían si se trataba del vehículo en el que viajaba su colega Fuad Jaber, fallecido horas antes junto al periodista palestino Jaled Hamad.
Doctores y asistentes se desplazaban a pie por las calles, acompañados de fuerzas de la defensa civil.
“Si sigue allí, salga, es seguro. Somos de la defensa civil”, gritó un oficial.
Dos mujeres y un hombre, aterrorizados, emergieron entre los escombros.
“¡Nuestro padre está muerto! ¡Todavía está en la casa, todavía está en la casa!”, gritó una mujer. Sus allegados trataron de calmarla al tiempo que huían de la zona.
Pero no todos los que escapaban eran civiles.
Un grupo de hombres cargados con armas automáticas salieron de un edificio, algunos de ellos cubriendo sus rostros con un pañuelo. Uno trató de esconder el arma con una bufanda y meterla en una bolsa de plástico.