25 de febrero de 2016 - 00:00

Un gobierno con fecha de expiración

El presidente de Bolivia, Evo Morales, reivindicó a los indígenas bolivianos y cabalgó sobre la bonanza económica que le redituó la nacionalización de los hidrocarburos, pero su incólume imagen se desgastó a raíz de denuncias de corrupción, que frenaron su intención de quedarse en el poder hasta 2025. Agobiado por acusaciones de tráfico de influencias y de ansias de poder, incluso por parte de ex colaboradores, el respaldo de Morales fue mermando progresivamente, y esta vez ha perdido en el referendo en seis de los nueve departamentos del país (Potosí, Tarija, Chuquisaca, Santa Cruz, Beni y Pando) y sólo ha obtenido el apoyo en tres (La Paz, Cochabamba y Oruro).

Morales se había jactado en las últimas elecciones presidenciales (2014) de ganar en ocho de los nueve departamentos, excepto la amazónica Beni, de escaso peso político, infringiéndole una derrota política a la derecha. Pero el panorama que el mismo gobernante de 56 años avizoraba de victoria (había pronosticado que vencería en el referendo con el 70% de votos) comenzó a desmoronarse en las últimas semanas. Acusaciones de tráfico de influencias que involucran a una ex pareja suya terminaron de complicarlo.

El periodista boliviano Carlos Valverde lo hirió seriamente, al revelar que Gabriela Zapata, ex compañera sentimental de Morales, es gerente comercial en la firma china CAMC, que se adjudicó contratos con el Estado por unos 560 millones de dólares.

Con un panorama adverso, Morales desplegó todo el aparato político y gubernamental para llegar con el mejor perfil posible al referéndum para habilitarse para un cuarto mandato (2020-2025), pero sus planes naufragaron lenta y dolorosamente, pues el conteo de votos fueron un martirio, debido a que el Sí y el No marchaban con leves diferencias a favor del segundo, hasta sellar su suerte. Morales, con los resultados electorales adversos, ahora debe enfrentar varias tareas: seguir gobernando hasta 2020 sin sobresaltos, evitar que su partido se polarice, por posibles pugnas de sucesión, que le pueden perjudicar y empujar a sus militantes a consolidar un proyecto que él lo considera como propio.

El líder indígena y cocalero comenzó a gobernar en 2006 y debe irse a inicios de 2020.

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