Con motivo de las últimas elecciones se ha hablado mucho de cambio, sin embargo yo creo que es un concepto erróneo cuando se lo usa en política. No hay que hablar de cambio sino de transformación.
Con motivo de las últimas elecciones se ha hablado mucho de cambio, sin embargo yo creo que es un concepto erróneo cuando se lo usa en política. No hay que hablar de cambio sino de transformación.
A diferencia del cambio, la transformación implica tomar lo que existe para hacer algo nuevo o distinto con ello. En contraposición, el cambio es sacar algo y colocar otra cosa en su lugar. Pero en ese sacar también se quitan las cosas buenas, que se van junto con lo malo para ser reemplazados por algo desconocido.
La transformación nos permite rescatar las cosas buenas, modificar o corregir las que no lo son y mejorar también las que lo son.
Muchas veces he escuchado señalar como problema de la política argentina el que cada vez que asume un nuevo gobernante, éste cambia todo lo hecho por sus antecesores para imponer lo que él cree que debe ser, obstaculizando de ese modo la creación de políticas a largo plazo.
Por eso creo que es momento de que la responsabilidad política de todos esté atravesada por la idea de transformación y no por la de cambio.
La transformación es dinámica, permite progresar, a diferencia del cambio, que interrumpe el progreso volviendo a la línea de partida una y otra vez.
Solo reflexionaba.
Federico Sangrá - DNI 32.908.209