1 de octubre de 2013 - 10:51

Terrazas verdes en la ciudad

La tendencia de los techos verdes o "green roofs" llegó a nuestro país junto con un creciente interés por la eficiencia energética de los edificios y el desarrollo urbano con criterios de sustentabilidad.

El desierto urbano en el cual convivimos diariamente olvida la necesidad planteada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de poseer al menos 10 m2 de espacios verdes por habitante. Las bajas cifras con las que cuentan las ciudades son indicios para emprender una búsqueda de nuevos espacios y alternativas que permitan derribar las lógicas actuales.

En este sentido, las terrazas verdes utilizan tierra no natural, con el fin de no continuar degradando la capa fértil del planeta y especies vegetales de muy bajo mantenimiento que ahorran sensiblemente el consumo energético (mínimo riego artificial, aprovechando al máximo el régimen natural de aguas de lluvias de la ciudad, bajo consumo de energía eléctrica al no utilizarse con intensidad bombas de agua, máquinas de corte y/o poda).

Las terrazas verdes proponen una solución de fácil aplicación tanto para edificios nuevos o ya existentes, ya que se instalan sobre la terraza o cubierta de poca pendiente sin necesidad de realizar ninguna obra de drenaje ni aislación hidrófuga. El sistema fue desarrollado para que no exceda los 80kg/m2 (con máxima saturación de agua), lo cual hace factible de ser aplicado en cualquier superficie, inclusive cubiertas metálicas de baja pendiente.

Entre sus múltiples beneficios figuran una mejora del aislamiento térmico en ambientes por debajo de techos y terrazas, aumento de la vida útil de las capas impermeables de los techos (actuando como parasol biológico y generando un ahorro importante en el mantenimiento del edificio) y una mejora en la calidad paisajística de las terrazas creando espacios verdes.

En cuanto a los beneficios ambientales, ayudan a reducir el fenómeno "isla de calor" que se produce en las ciudades, colaborando con la disminución de temperaturas; mejoran la calidad del aire y permiten que las plantas oxigenen y retengan las partículas tóxicas que están en suspensión, además de retener y retardar el escurrimiento del agua de lluvia, reduciendo el riesgo de inundaciones en las grandes ciudades y reducir la emisión de gases de efecto invernadero al ser un sumidero natural de CO2 también recuperan la vida vegetal en las áreas urbanas, reconstruyendo los ecosistemas degradados por las urbanizaciones.

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