14 de marzo de 2013 - 00:53

Un técnico químico, jesuita, teólogo y lector de Borges

Nació en 1936 en Buenos Aires, hijo de un matrimonio de inmigrantes italianos. En 1992, el Papa Juan Pablo II lo designó obispo auxiliar de la Ciudad. Dentro del Episcopado argentino se lo considera un moderado, en el centro entre sectores conservadores y

Conocido por su modo de vida austero y su inclinación por los más débiles, el flamante Papa, Jorge Mario Bergoglio, es el primer argentino, latinoamericano y jesuita en convertirse en el jefe espiritual de los católicos de todo el mundo.

Bergoglio, de 76 años, jesuita de bajo perfil, pero muy respetado entre los cardenales. Ya tras la muerte de Juan Pablo II sonaba fuerte como uno de los candidatos a sucederlo. Versiones indican que obtuvo 40 de los 77 votos necesarios para ser elegido Papa y quedó en esa oportunidad en segundo lugar, detrás de Ratzinger, por quien pidió ayer una oración en su primer discurso desde el balcón principal de la Basílica de San Pedro.

A diferencia de la elección pasada, esta vez Bergoglio no llegó como candidato fuerte. Los vaticanistas lo veían como un kingmaker (alguien que tiene gran influencia en la orientación de los votos). Su edad y ciertos achaques de salud parecieron restarle posibilidades. Pero tras su intervención en el plenario de cardenales, que cosechó una buena cantidad de aplausos, resurgió como postulante.

El arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina cultiva el bajo perfil. Se levanta a las 4 de la mañana y se acuesta a las 9 de la noche. En varias ocasiones se lo vio viajando en subte hacia la Catedral de Buenos Aires. También por Roma se paseó por lo general envuelto en un sobretodo oscuro y sin el birrete de cardenal.

Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936, hijo de un matrimonio de inmigrantes italianos. Su padre fue empleado de ferrocarriles en Buenos Aires. De él, heredó la pasión por el club de sus amores, San Lorenzo (ver pág. 20, Contratapa). Estudió en una escuela técnica, donde se recibió como técnico químico.

A los 21 años decidió convertirse en sacerdote e ingresó en el seminario del barrio Villa Devoto, como novicio de la orden jesuita, y fue ordenado sacerdote en la Compañía de Jesús el 13 de diciembre de 1969.

Tras su ordenación, realizó estudios de teología y entre 1973 y 1979 fue superior provincial de los jesuitas. Durante los años de la dictadura militar (1976-83) Bergoglio decidió mantener a toda costa la unidad del movimiento jesuita, taladrado por la Teología de la Liberación, bajo la consigna de "mantener la no politización de la Compañía de Jesús", según su portavoz Guillermo Marcó.

Luego, viajó a Alemania para obtener su doctorado y a su regreso retomó la actividad pastoral como sacerdote en la provincia de Mendoza (ver pág. 7)

En mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Buenos Aires y comenzó a escalar rápidamente en la jerarquía católica de la Capital: fue vicario episcopal en julio de ese año, vicario general en 1993 y arzobispo coadjutor con derecho de sucesión en 1998.

Considerado un "moderado" dentro de las líneas del Episcopado argentino, ubicado en el centro entre los sectores conservadores y progresistas, Bergoglio se opuso férreamente a la ley de matrimonio igualitario sancionada en nuestro país en 2010. En los últimos años chocó varias veces con los gobiernos de Cristina y Néstor Kirchner, con sus críticas por la corrupción y la pobreza, así como con su campaña frontal -pero infructuosa- contra la legalización del matrimonio homosexual.

"No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva del plan de Dios", dijo poco antes de la sanción de la norma. También se opuso a la ley de identidad de género. Es un gran lector de los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal y del ruso Fedor Dostoievski, amante de la ópera y fanático del club de fútbol San Lorenzo, curiosamente fundado por un sacerdote.

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