Hace 100 años, en octubre de 1912, en la ciudad de Chicago (EEUU) salía a la venta por primera vez el libro "Tarzán" escrito por Edgar Rice Burroughs.
En una de sus páginas, puede leerse lo siguiente: "Tarzán era un personaje extraño. Tenía una cabellera negra que le caía hasta los hombros. Se había cortado el cabello sobre la frente con el cuchillo. Era el típico hombre primitivo, cazador y guerrero".
"El contacto con la naturaleza lo había hecho muy ágil y veloz en sus movimientos. Sus ojos reflejaban una gran inteligencia. Estaba realmente preocupado por su falta de ropa. Creía que la diferencia entre los hombres y los monos consistía en que los hombres se vestían. Cuando le comenzó a crecer la barba se disgustó porque pensó que estaba asemejándose a los monos".
Como van las cosas en nuestro país, urge la necesidad de que pongamos los pies en la tierra, como Tarzán, que veamos en profundidad la realidad que nos rodea, y que no nos quedemos arriba de las palmeras. De lo contrario, quienes ya se erigieron como reyes en "nuestra selva", seguirán tirándonos cocos y plátanos como si de esa manera nos hicieran un gran favor.
