Pero los empresarios no solamente cuestionan la decisión de retirar las estructuras. También ponen el foco en lo que consideran una contradicción dentro de la política urbana de la comuna.
“Junto con esta decisión han autorizado la instalación de decks sobre las cuadras de la calle 25 de Mayo, con mucha estructura. Incluso han autorizado que algunos kioscos tengan deck, aun sin tener baño para la clientela”, señalaron.
Para los comerciantes, allí aparece la principal sospecha: que detrás de la discusión urbanística existe también una disputa política entre distintas administraciones municipales.
“Pareciera que es una cuestión política, de diferencias entre las gestiones, pero entre medio estamos nosotros, los que trabajamos y mantenemos la actividad comercial y nuestros clientes”, resumieron.
Un año después, los gazebos del centro de San Martín ya comenzaron a desaparecer y vuelve la pelea con los gastronómicos. (Enrique Pfaab - Los Andes)
Una pelea que empezó hace un año
La historia inmediata de este conflicto comenzó a fines de agosto de 2025, cuando la Municipalidad anunció que avanzaría con la remoción de las pérgolas y gazebos ubicados sobre Boulogne Sur Mer, entre las calles Avellaneda y 25 de Mayo.
La comuna había argumentado que buscaba realizar una “mejora integral” del sector. El entonces director de Obras Públicas, Jesús Da Prá, explicó que las estructuras ocupaban parte de la vereda pública, que vulneraban el Código de Construcción y que dificultaban la circulación peatonal.
Según el funcionario, el pasillo disponible en algunos sectores era de aproximadamente 1,20 metros. Los comerciantes rechazaron ese argumento y sostuvieron que quedaban alrededor de dos metros libres para el paso.
El enfrentamiento llegó rápidamente a la posibilidad de recurrir a la Justicia. Los empresarios advertían que la eliminación de las estructuras podía obligarlos a reducir su capacidad de atención y, en algunos casos, poner en riesgo la continuidad de los negocios.
La Municipalidad pretendía que, una vez retiradas las estructuras, los bares utilizaran nuevamente mesas, sillas y sombrillas, es decir, elementos removibles.
Pero aquel proyecto tuvo un primer fracaso. El 1 de septiembre de 2025, cuando todo estaba preparado para comenzar el desarme, una orden impartida desde la propia Municipalidad frenó los trabajos. La imagen de aquella mañana quedó resumida en una frase dirigida a los obreros: “Guardá esa amoladora. Si nos hacen una foto, nos escrachan por todos lados”.
La remoción quedó entonces en suspenso por el fuerte rechazo que había provocado entre comerciantes y clientes.
Ahora, un año después, aquella decisión vuelve a ejecutarse.
El origen: una remodelación que hizo la propia Municipalidad
Uno de los argumentos que más utilizan los comerciantes para cuestionar la medida es histórico.
Las estructuras que ahora serán retiradas no fueron colocadas clandestinamente por los propietarios de los bares. Formaron parte de la remodelación integral del centro de San Martín realizada durante 2011.
La intervención buscó ordenar y modernizar el área céntrica. En el sector gastronómico se instalaron las pérgolas y gazebos que terminaron convirtiéndose en parte de la identidad de esas cuadras.
Los comerciantes, además, fueron realizando con el paso de los años inversiones particulares para mejorar, mantener y adaptar las estructuras a sus negocios.
Por eso ahora sostienen que existe una paradoja: el Estado municipal que creó esos espacios es el mismo que decidió eliminarlos.
En la primera discusión de 2025, ese punto fue uno de los argumentos centrales de los empresarios, que recordaron además que la remodelación había provocado inicialmente una caída de clientes mientras se realizaban las obras y que posteriormente el sector se consolidó como uno de los principales polos gastronómicos de la ciudad.
De espacio gastronómico a oficina municipal
La historia de los gazebos tuvo incluso una etapa intermedia que ayuda a explicar la situación actual.
En abril de 2025, antes de que estallara públicamente el conflicto con los gastronómicos, la Municipalidad había comenzado a desmontar y trasladar algunas de estas estructuras.
La explicación oficial estaba relacionada con la reorganización administrativa de la comuna y la necesidad de reducir el gasto en alquileres. El municipio anunció entonces que las estructuras ubicadas sobre Boulogne Sur Mer serían desmontadas y reutilizadas como oficinas en el predio de la Biblioteca Popular Ricardo Rojas.
La medida formaba parte de un plan de austeridad destinado a reducir gastos inmobiliarios. Según la información difundida entonces, la primera etapa permitiría ahorrar unos $37 millones anuales en alquileres.
El problema era que muchas de aquellas estructuras habían quedado vinculadas a locales gastronómicos que habían cerrado o cambiado de actividad, en parte por el aumento del valor de los alquileres comerciales de la zona.
La Municipalidad encontró entonces una utilidad diferente para los espacios.
Ahora la situación es distinta: ya no se trata solamente de reutilizar algunos gazebos vacíos. El municipio avanza sobre las estructuras que todavía utilizan los bares y confiterías.
Un año después, los gazebos del centro de San Martín ya comenzaron a desaparecer y vuelve la pelea con los gastronómicos. (Enrique Pfaab - Los Andes)
El miedo al verano y al invierno
Los comerciantes aseguran que el problema no es solamente estético ni está relacionado con la cantidad de mesas que podrán colocar.
Para ellos, las estructuras cumplen una función concreta: protegen a los clientes del sol, del calor y del frío y permiten mantener una superficie de atención que consideran indispensable para la rentabilidad de sus negocios.
“Podremos poner mesas y sillas y sombrillas, pero no se resolverán todas las necesidades con eso”, explicaron.
Otro comerciante fue todavía más contundente: “En nuestro caso estamos considerando la posibilidad de cerrar, porque una gran parte de nuestra clientela utiliza el gazebo, que es parte fundamental del funcionamiento del negocio”.
El temor está puesto especialmente en los próximos meses, cuando las temperaturas vuelvan a subir y esas veredas queden sin árboles ni otra infraestructura que genere sombra.
La discusión, por lo tanto, empieza a trascender la cuestión arquitectónica. Lo que para la Municipalidad es la recuperación de espacio público, para los comerciantes representa una modificación directa de las condiciones en las que funcionan sus negocios.
La nueva postal que prepara la comuna
Los empresarios aseguran que la Municipalidad pretende terminar los trabajos hacia fines de noviembre.
Según la información que recibieron, el intendente Raúl Rufeil quiere inaugurar el nuevo sector el 1 de diciembre, con los canteros y las farolas que se colocarían en las veredas una vez retiradas las estructuras.
El municipio todavía deberá enfrentar, sin embargo, el desafío de compatibilizar esa nueva imagen del centro con una actividad gastronómica que durante más de una década encontró en esas pérgolas una extensión natural de los locales.
La propia gestión de Rufeil ha desarrollado durante los últimos años una política de recuperación y remodelación de espacios públicos. En distintos barrios del departamento se incorporaron pérgolas, bancos, iluminación, juegos y sectores de reunión como parte de las intervenciones sobre plazas y parques.
La discusión actual en el centro plantea, paradójicamente, el camino inverso: una estructura urbana que fue pensada como parte de una remodelación pública será retirada para recuperar la vereda y modificar nuevamente la fisonomía del lugar.
Y mientras las máquinas avanzan, los comerciantes vuelven a preguntarse si la transformación del centro se puede hacer sin afectar a quienes llevan años trabajando allí.
Hace un año, una amoladora apagada evitó que comenzara el desarme.
Esta vez, las amoladoras ya están funcionando.